The Path, Volumen 1, enero 1887, The Elementals, the Elementary Spirit I - C.H.A Bjerregaard
Los Elementales, los Espíritus Elementarios: I
Y LA RELACIÓN ENTRE ELLOS Y LOS SERES HUMANOS.
El tema de mi escrito es "Los Elementales, los Espíritus Elementarios, y la relación entre ellos y los seres humanos."
Intentaré ofrecer un esquema de algunas de las enseñanzas de la ciencia oculta relacionadas con estos seres, su relación con las fuerzas universales y con nosotros, y nuestro poder sobre ellos.
En términos generales, probablemente no podré decir nada nuevo a los estudiantes de las fuerzas ocultas de la naturaleza, salvo quizás en las ilustraciones que presentaré de lo que considero nuevas fuentes, a saber, la Monadología de Leibnitz:
En las Mónadas de Leibnitz, creo que podemos ver la misma sustancia de la esfera astral, en la cual los espíritus elementales "se envuelven", según una afirmación de la Kabbala. Incluso podemos ver más: podemos verlas como los mismos Elementales.
Si las Mónadas de Leibnitz pueden ser consideradas no solo como Elementales, sino también como la misma sustancia de la esfera astral, y si, como afirma el Zohar, "los espíritus, cuando descienden, se visten de aire, o se envuelven en elementos", entonces se convierte en un asunto de la mayor importancia para nosotros cómo o por qué medios podemos influir en la esfera astral, o en otras palabras, se vuelve muy importante con qué clase de Mónadas estamos rodeados.
Como ayuda para la adecuada consideración de esta cuestión trascendental, ofreceré información acerca de las auras naturales o esferas objetivas que nos rodean, así como algunos hechos históricos sobre el uso de vapores aromáticos, olores, etc.
Habiendo avanzado hasta este punto en mi trabajo, diré unas pocas palabras sobre nuestro poder sobre los elementales “vestidos de aire y envueltos en elementos”, definiendo el poder de la mente y describiendo esos —casi desconocidos— pequeños centros nerviosos de la mano humana, llamados los corpúsculos de Pacini.
Me detendré únicamente en definir estas dos herramientas, la cabeza y la mano, dejando fuera, por el momento, la tercera de la trinidad humana: el corazón.
Habiendo definido el poder de la mente y de la mano, concluiré con algunas sugerencias sobre el uso de estos poderes en relación con el tema en cuestión.
Los espíritus elementarios se definen en Isis Develada como “las almas desencarnadas. Las almas depravadas se han separado en algún momento previo a la muerte de sus espíritus divinos, perdiendo así su oportunidad de inmortalidad. Eliphas Levi y algunos otros cabalistas hacen poca distinción entre los espíritus elementarios que han sido hombres y aquellos seres que pueblan los elementos, y que son las fuerzas ciegas de la naturaleza."
Los puntos a destacar en esta definición son los siguientes:
(1) Los espíritus elementarios son almas desencarnadas;
(2) son almas desencarnadas de los buenos, y
(3) de los depravados, es decir, de aquellos en quienes los principios superiores nunca han sido desarrollados, ni siquiera nacidos a la luz. Son las sombras de aquellos que, por sus pecados y miseria moral, han cerrado los principios más internos de la constitución del hombre, y, habiendo cerrado la puerta contra ellos, no tienen parte en la vida, sino que tarde o temprano se disuelven y desintegran en los elementos circundantes.
En las manifestaciones comunes entre los espiritistas, estos espíritus elementarios juegan los papeles más prominentes. Los elementales no. Nos ocuparemos principalmente de los elementales.
Los elementales se definen en Isis Develada como “las criaturas evolucionadas en los cuatro reinos de la tierra, el aire, el fuego y el agua, y llamadas por los cabalistas gnomos, sílfides, salamandras y ondinas. Se les puede considerar las fuerzas de la naturaleza, y operarán efectos como agentes serviles de la ley general, o podrán ser empleados por los espíritus desencarnados —sean puros o impuros— y por adeptos vivos de la magia y la brujería, para producir resultados fenomenales deseados. Tales seres nunca se convierten en hombres.”
En la mitología popular y los cuentos folclóricos se los llama con una gran variedad de nombres: peris, faunos, elfos, duendes, pixies, etc., etc.
No son espíritus humanos desencarnados, sino creaciones distintas. Tienen sus hogares en la esfera astral, pero comúnmente se los encuentra en la tierra.
La definición ya dada en “Isis Develada” la ampliaré con unas líneas que he extraído y traducido de las diversas obras de Paracelso:
«Todos los elementos tienen un alma y están vivos. Los habitantes de los elementos son llamados Saganes (Saganae), es decir, elementales. No son inferiores a los hombres; difieren de los hombres en que no poseen un alma inmortal. Son los poderes de la Naturaleza, es decir, son los que hacen aquello que suele atribuirse a la Naturaleza. Podemos llamarlos seres, pero no son del linaje de Adán. Comen y beben tales sustancias como, en su elemento, sirven para comer y beber. Están vestidos, se casan y se multiplican. No pueden ser encarcelados y mueren como los animales, al no tener alma.»
«Saben todo lo que está ocurriendo y con frecuencia lo revelan a los hombres que son capaces de conversar con ellos. Pero son muy poco fiables, y algunos son muy traicioneros. Les gustan más los niños y las personas sencillas. Evitan a los hombres borrachos y bestiales. Revelan más de su naturaleza a los sencillos e inocentes que a los sabios y arrogantes. Ellos mismos son bastante simples.»
«Hay más mujeres entre ellos que hombres, y una congregación de mujeres es llamada un monte de Venus. La fábula contada acerca de Tannhäuser no es un mero cuento, es verdadera.»
Hasta aquí, quizá no tengamos dificultad en seguir a Paracelso, pero cuando leemos más profundamente en sus revelaciones, nuestro sentido común deja de comprender los misterios expuestos. Sin embargo, diré por mi parte que, aunque no puedo comprenderlo, puedo fácilmente concebir un estado de cosas como el descrito en las siguientes palabras:
«Pueden venir a nosotros y mezclarse con nuestra sociedad. Pueden engendrarnos hijos; pero tales hijos no les pertenecen a ellos, nos pertenecen a nosotros. Podemos traer a estas esposas elementales hacia nosotros mediante la fe, el pensamiento puro y nuestros poderes de formación de imágenes. Cuando entran en nuestra esfera de existencia y copulan con nosotros, parecen, debido a sus extrañas maneras, como dioses.»
«Aquellos que viven en el agua son llamados Ninfas o Ondinas, los del aire Silfos, los de la tierra Pigmeos o Gnomos, los del fuego Salamandras. Las Ninfas u Ondinas se asemejan mucho a los seres humanos, los otros difieren en mayor o menor grado.»
«Son particularmente las Ondinas o Ninfas las que se unen con los hombres. Cuando una Ondina se casa con un hombre, tanto ella como su hijo adquieren alma.»
De la Kábala podemos extraer muchas declaraciones que corroboran el testimonio de Paracelso. De hecho, todas las enseñanzas más valiosas que poseemos relativas a los Elementales, en la medida en que han sido impresas y dadas al público, derivan de la Kábala. Según ésta, toda actividad, todos los acontecimientos, tanto en la Historia como en la Naturaleza, están en manos de los espíritus, ya sean Elementales o Espirítus Elementarios. Los encontramos actuando por doquier, desde el Zodíaco hasta el gusano más pequeño. Los encontramos mencionados por nombre, tanto aquellos del ámbito de la Shejiná como los que presiden sobre los cuatro elementos.
En el Jalkut Chadash se afirma: «No hay cosa alguna en el mundo, ni siquiera la más pequeña hierba, sobre la cual no esté puesto un espíritu».
En la obra cabalística Berith Menucha (de Abraham, hijo de Isaac, un judío de Granada), se dan sus nombres:
El espíritu que preside sobre el fuego se llama Jehuel, y bajo él están subordinados otros siete espíritus. El príncipe Miguel está puesto sobre el agua, y bajo su mando rigen otros siete espíritus. Jechiel gobierna a los animales salvajes, y éstos están bajo su autoridad. Anpiel gobierna las aves, y dos príncipes gobiernan junto a él. Hariel controla el ganado, y junto a él hay tres espíritus. Samniel gobierna las criaturas de la tierra y del agua, y Mesannahel los gusanos. Deliel, junto con tres príncipes, manda sobre los peces; Ruchiel y otros tres, sobre los vientos; Gabriel, sobre el trueno; Nariel, sobre la tormenta de granizo; Maktuniel, sobre las rocas; y Alpiel, sobre los árboles fructíferos, mientras que Saroel, sobre los infértiles. Sandolfon gobierna a los hombres.
Estos nombres son importantes, como bien sabes, pues son la clave de los respectivos poderes de cada uno de estos espíritus.
Como se declara en Isis Develada, Éliphas Lévi y otros cabalistas no hacen, o hacen muy poca, distinción entre los Elementales y los Espirítus Elementarios. Esto no puede ser correcto por parte de Lévi. Existen diferencias esenciales. Los Elementales nunca se convierten en hombres, ni lo fueron jamás. Los Espirítus Elementarios, tal como los define Lévi, se asemejan mucho a aquellos espíritus con los cuales estamos familiarizados en el espiritismo ordinario. En este escrito sólo les haré una breve mención y hablaré principalmente de los Elementales.
Por la definición ya dada, es evidente que los Elementales existen en una gran variedad de formas: algunos son meras fuerzas de la naturaleza, seres puramente abstractos; otros poseen algún tipo de cuerpo; al menos, cuando hablamos de gnomos, silfos, ondinas, etc., los representamos con figuras más o menos humanas.
En la Kábala y en otros libros y tradiciones secretas judías, los Elementales son representados como una raza intermedia de seres, que, bajo un nombre general, los judíos llamaban Schedim (los machos Ruchin y las hembras Lilin). Son realmente los más bajos y los despojos de los órdenes espirituales. Se dividen en cuatro clases:
(1) Los del Fuego; éstos no pueden ser vistos con los ojos; tienen la intención de hacer el bien, y a menudo ayudan a los hombres. Comprenden la Thora y tienen comunión con el mundo angélico. Son maestros de muchos de los secretos de la naturaleza.
Fueron estos seres los que Salomón empleó, según las tradiciones mahometanas, en la construcción del templo. Se nos dice (1) que "los genios masculinos erigieron diversos edificios públicos, entre otros también el templo. A las genios femeninas las obligó a cocinar, hornear, lavar, tejer, hilar, acarrear agua y realizar otros trabajos domésticos. Las telas que producían, Salomón las distribuía entre los pobres."
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1. Dr. G. Weil: la Biblia, el Coran, y el Talmud.
De estas tradiciones mahometanas puede obtenerse mucha información curiosa. Se nos dice que Salomón, en una ocasión, preguntó a un Elemental que se le apareció en forma de pez cuántos había de esa especie, y recibió la siguiente respuesta: «De mi especie solamente existen setenta mil clases, y la más pequeña de ellas es tan grande que tú aparecerías en su cuerpo como un grano de arena en el desierto».
Se nos dice además que Salomón, por medio de una cierta piedra, «tenía dominio sobre el reino de los espíritus, el cual es mucho mayor que el de los hombres y las bestias, y llena todo el espacio entre la tierra y el cielo. Parte de estos espíritus creen en el único Dios, pero otros son incrédulos. Algunos adoran el fuego; otros adoran constantemente el sol; otros, a su vez, las diferentes estrellas; y muchos de ellos incluso el agua. Los primeros rondan alrededor de los piadosos para preservarlos del mal y del pecado; pero los últimos buscan de todas las maneras posibles atormentarlos y seducirlos, lo cual logran más fácilmente, puesto que pueden volverse invisibles o asumir cualquier forma que deseen. Salomón deseó ver a los genios en su forma original. Un ángel se precipitó por el aire como una columna de fuego y pronto regresó con una multitud de demonios y genios, cuya espantosa apariencia llenó a Salomón, a pesar de su dominio sobre ellos, de horror. No tenía idea de que existiesen en el mundo seres tan deformes y aterradores. Vio cabezas humanas sobre cuellos de caballos con pies de asno; alas de águila sobre el lomo de un dromedario; y cuernos de gacela sobre la cabeza de un pavo real. Asombrado ante tan singular unión, rogó al ángel que se lo explicase: “Esto es consecuencia —respondió el ángel— de sus vidas perversas y de su impúdica unión con hombres, bestias y aves; pues sus deseos no conocen límites, y cuanto más se multiplican, más degeneran.”»
(2) El segundo grupo consiste en aquellos de Fuego y Aire; son inferiores en orden a los anteriores, los del Fuego, pero son buenos y sabios. También son invisibles. Habitan, como los primeros, las regiones superiores.
(3) El tercer grupo consiste en aquellos de Fuego, Aire y Agua; a veces son visibles a nuestros sentidos.
(4) La cuarta clase está compuesta igualmente de Fuego, Aire y Agua, pero además poseen un elemento de Tierra en su constitución. Pueden ser completamente vistos por los ojos humanos.
Esta clase y la tercera son de disposición maligna, engañan a los hombres y se complacen en hacernos daño. No poseen ningún sentido moral. Algunos de ellos viven en las aguas, otros en las montañas y desiertos, y algunos en lugares inmundos. Algunos son horribles de ver, y se dice que pueden encontrarse incluso a plena luz del día.
Las dos primeras clases mencionadas se hallan corporalmente más próximas al hombre y son muy peligrosas. Poseen poderes extraordinarios, situándose, como lo hacen, entre los mundos visible e invisible. Tienen cierto conocimiento del porvenir y son particularmente sabios en lo que respecta a las cosas naturales. Algunos de ellos fueron adorados en tiempos pasados como dioses y deidades nacionales. La Kábala es bastante enfática al advertir contra ellos, diciendo que son indignos de confianza porque «sus afinidades naturales se inclinan más hacia los reinos inferiores de la existencia que hacia los superiores».
Todos estos elementales, cualquiera sea la clase a la que pertenezcan, están sujetos a la disolución. Sus vidas no se centran en un principio eterno. Mueren —y ese es su fin.
También es digno de notarse que existe un estrecho paralelo entre las enseñanzas de la Kábala sobre este punto y las del Vishnu Purana respecto a la composición del orden descendente de las emanaciones. Según la Kábala, como acabamos de oír, los Elementales del primer orden eran de puro Fuego; los del siguiente eran de Fuego más Aire; los del siguiente de Fuego, Aire y Agua; mientras que los del orden más bajo consistían en Fuego, Aire, Agua más Tierra. Cada uno de ellos, a medida que vive en un plano inferior, añade un nuevo elemento a su constitución. La misma ley se encuentra en la agrupación de los elementos según el Vishnu Purana. El más puro es el Éter, que tiene una sola propiedad: el sonido. El siguiente es el Aire, que al sonido añade el tacto; el siguiente es el Fuego, que al sonido y al tacto añade el color; el siguiente es el Agua, que a los tres anteriores añade un cuarto, el gusto; el último es la Tierra, que a todos los anteriores añade el olfato, poseyendo así cinco propiedades.
La armonía entre las enseñanzas de estas dos autoridades, que descansan en fundamentos tan diferentes, constituye un argumento adicional a favor de la verdad de sus doctrinas sobre el tema principal.
Hasta ahora he estado hablando de los Elementales en el sentido comúnmente aceptado. Pero me parece que existe otro orden de seres que también pueden llamarse Elementales, aunque quizá en un sentido diferente. Me refiero a las diez Sephiroth.
La Kábala enseña que el En-Soph (el “Infinito”, el “Sin fin”, el “Ilimitado”) está presente en las Sephiroth o “inteligencias”, por medio de las cuales se efectúa la creación.
Estas Sephiroth, estas “inteligencias” o esferas, como también se las ha llamado, estas sustancias espirituales son emanaciones del En-Soph, en el cual existieron desde toda la eternidad. Son emanaciones, no creaciones. Una creación implica una disminución de fuerza, pero una emanación no; por lo tanto, las diez Sephiroth forman entre sí y con el En-Soph una unidad estricta. En realidad, solo difieren del En-Soph del mismo modo que la luz difiere de su fuente, el fuego. Son ilimitadas por un lado de su ser, pero manifestaciones finitas por el otro. Son a la vez infinitas y finitas.
Se ha dicho que todo el mundo es como un gigantesco árbol lleno de ramas y hojas, cuya raíz es el mundo espiritual de las Sephiroth; o bien como un inmenso mar que se llena constantemente de un manantial que brota eternamente. Lo que así se ha dicho del mundo se aplica igualmente a las Sephiroth. Son como árboles enraizados en el En-Soph, pero que florecen y dan fruto en el mundo. Están abiertas por dentro pero cerradas por fuera. Aunque participan de la naturaleza divina, son por su lado exterior los “vestidos del Altísimo”. Este su lado exterior es su forma corporal, y es con esta con la que podemos entrar en contacto.
Es casi una blasfemia llamar corporal al lado exterior de las Sephiroth, pues el cuerpo es para nosotros algo muy bajo. Guardémonos, por tanto, de atribuir nada vil o inferior a la palabra “cuerpo” cuando hablamos de las Sephiroth. Inclinémonos y reverenciemos, pues estamos en presencia de lo Santo, aun cuando, en pensamiento, nos elevemos hasta la forma corporal de las Sephiroth.
Las Sephiroth, por el poder divino inmanente en ellas, sostienen el Mundo. Son las Fuerzas Elementales del Mundo. A través de ellas fluye todo Poder y toda Misericordia. En verdad, el En-Soph se revela por medio de las Sephiroth y se encarna en ellas. Se afirma en la Kábala que el En-Soph, por medio de diversas Sephiroth, se encarnó en Abraham como amor, en Isaac como poder, en Jacob como belleza, en Moisés como firmeza, en Aarón como esplendor, en José como fundamento, etc.
El alma, a pesar de su conexión con el cuerpo, si permanece incontaminada y pura, puede ascender al Reino de las Sephiroth y “mandar sobre ellas”. Pero grandes misterios rodean los secretos relacionados con este poder, y han sido muy pocos los que han sido lo bastante piadosos y fuertes como para ser admitidos.
Que las Sephiroth son potencias —“Elementales”— y no seres individuales, se hace evidente por su división en tres grupos: inteligencia, animación y materia.
Cada uno de los tres grupos está a su vez subdividido:
El primero comprende (1) la Corona o la Altura inescrutable, (2) la Sabiduría creadora, y (3) el Intelecto concebidor. El resultado de la combinación de estos dos últimos —la Sabiduría creadora y el Intelecto concebidor— es llamado en la Kábala “Conocimiento” (= Logos), lo cual demuestra ciertamente que estas tres Sephiroth son sustancias espirituales, más que individualidades en el sentido común del término.
Pero no basta con evitar el error en que caeríamos si considerásemos a las Sephiroth como individualidades; debemos también guardarnos de considerarlas como meras abstracciones, en lo que los términos “sabiduría” e “intelecto” podrían inducirnos. Jamás llegaremos a la verdad, y mucho menos al poder de asociarnos con estos seres celestiales, hasta que retornemos a la simplicidad y valentía de las edades primitivas, cuando los hombres se mezclaban libremente con los dioses, y los dioses descendían entre los hombres y los guiaban en la verdad y en la santidad.
El primer grupo de las Sephiroth reposa en una atmósfera tan sublime y tan cercana a la Deidad, que nada podemos saber de su naturaleza o actividad.
El segundo grupo de las Sephiroth ejerce su poder sobre el mundo moral, y consta de (1) Gracia infinita, (2) Justicia divina y (3) Belleza, que es el vínculo que une a la Gracia con la Justicia.
Una vez más, aquí no tratamos de meros estados morales ni de abstracciones, sino de encarnaciones de realidades vivas y activas. Los ojos humanos no pueden verlas, ni las manos humanas tocarlas, pues están muy alejadas, existiendo como lo hacen en otro plano de existencia. Sin embargo, quien conserva su virtud y conoce la clave de la cadena de las existencias puede hacerlas salir de su propio reino y entrar en el suyo, y hacerlas actuar.
El tercer grupo de las Sephiroth guarda con la Materia la misma relación que los otros dos con la Mente y el Corazón, y puede llamárseles Elementales por excelencia. Se llaman Firmeza, Esplendor, Fundación primaria y Reino. —
Deseo ahora atraer vuestra atención describiéndoos las mónadas de Leibnitz. Sus mónadas poseen todas las características de los Elementales y, al mismo tiempo, parecen ser moléculas puramente físicas. Pero esta misma dualidad constituye un argumento en favor de mi teoría de que la mónada de Leibnitz es una definición fiel de un Elemental. Si se probara que no son Elementales —y dudo que tal cosa pueda probarse—, servirían al menos como ilustraciones de lo que es un Elemental.
Leibnitz (2) formula su concepción de la sustancia en oposición directa al espinosismo. Para Spinoza, la sustancia es algo muerto e inactivo; pero para el penetrante poder mental de Leibnitz, todo es vida, actividad y energía activa. Al sostener esta visión, se aproxima infinitamente más al Oriente que cualquier otro pensador de su época o de los posteriores. Su descubrimiento de que una energía activa constituye la esencia de la sustancia es un principio que lo coloca en relación directa con los videntes del Oriente.
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2. Leibnitz nació en 1646 en Leipzig y murió en 1716. Según la Historia de la Filosofía de Schwegler, fue, después de Aristóteles, el erudito más altamente dotado que haya existido; y, según F. Papillon (Naturaleza y Vida), los estudiosos modernos en varios campos de la ciencia y la filosofía han verificado sus ideas y las han respaldado en gran medida.
Este hecho —que los puntos principales de la filosofía de Leibnitz se derivan de su concepción de una energía activa que constituye la esencia de la sustancia— inspira de inmediato nuestra confianza en ella.
De la Monadología de Leibnitz traduzco los siguientes párrafos:
§1. “La mónada es una sustancia simple, que entra en la composición de las que son compuestas; simple, es decir, sin partes.”
§2. “Las mónadas son los verdaderos átomos de la naturaleza, en una palabra, los elementos de las cosas.”
Cuando Leibnitz habla de átomos, no debe entenderse que es materialista. Está muy lejos de ello. En efecto, su sistema ha sido llamado un atomismo espiritualista. Para él, los átomos y los elementos son sustancia, no materia. Son centros de fuerza o, mejor aún, “seres espirituales cuya propia naturaleza consiste en actuar”. Estas partículas elementales son fuerzas vitales, que no actúan mecánicamente, sino desde un principio interno. Son unidades incorpóreas o espirituales, inaccesibles a todo cambio externo, y sólo sujetas a movimiento interno. Son indestructibles por cualquier fuerza exterior.
Las mónadas de Leibnitz difieren de los átomos en los siguientes aspectos, que es muy importante recordar; de otro modo, no podríamos ver la diferencia entre los Elementales y la mera materia:
Los átomos no se distinguen entre sí; son cualitativamente iguales. Pero cada mónada difiere cualitativamente de todas las demás, y cada una es un mundo particular en sí misma. No ocurre así con los átomos: éstos son absolutamente iguales tanto cuantitativa como cualitativamente, y no poseen individualidad propia. Además, los átomos de la filosofía materialista pueden considerarse extensos y divisibles, mientras que las mónadas son meros “puntos metafísicos” e indivisibles.
Finalmente —y este es un punto en el que las mónadas de Leibnitz se asemejan estrechamente a los Elementales de la filosofía mística—, las mónadas son seres representativos. Cada mónada refleja a todas las demás. Cada mónada es un espejo viviente del universo dentro de su propia esfera. Y obsérvese bien esto, pues de ello depende el poder que poseen estas mónadas y el trabajo que pueden realizar por nosotros: al reflejar el mundo, las mónadas no son meros agentes pasivos de reflexión, sino que son espontáneamente autoactivas; producen las imágenes espontáneamente, como el alma produce un sueño.
En cada mónada, por lo tanto, el adepto puede leerlo todo, incluso el futuro. Cada mónada —o elemental— es un espejo parlante.
Las mónadas pueden, desde un punto de vista, llamarse fuerza, y desde otro, materia. Para la ciencia oculta, la fuerza y la materia no son más que dos aspectos de una misma sustancia.
Tal doctrina, por supuesto, es muy objetada por la gente de la época moderna, que pretende poseer muy finas facultades analíticas y, sin embargo, es incapaz de concebir la materia bajo condiciones distintas de aquellas que son cognoscibles por nuestros burdos sentidos.
Aquellos que tienen dificultades intelectuales para comprender que Brahm es todo y todo es Brahm deben aceptar esta doctrina por fe durante algún tiempo. Un poco de práctica sincera los llevará a ver que la verdad no se alcanza mediante la reflexión, sino por medio de la intuición inmediata.
Si deseamos considerar estas mónadas como materia, no conozco mejor comparación que con aquello que se ha llamado Materia en un cuarto estado o condición, un estado tan alejado del estado gaseoso como un gas lo está de un líquido.
Si deseamos considerar estas mónadas como fuerza, no conozco mejor comparación que con aquello que Faraday llamó “Materia radiante”, y que los experimentos de Crookes han mostrado que se asemeja tanto a la mera fuerza —o a la materia completamente despojada de todas las características de los cuerpos— que sus propiedades físicas se han modificado de tal modo que ha cambiado de naturaleza y aparece bajo la forma de fuerza.
En el §8 de la Monadología, Leibnitz declara que “las mónadas tienen cualidades —de otro modo ni siquiera serían entidades—”. Las cualidades que se les atribuyen las hacen parecer mucho a seres vivos y racionales. Me inclino a considerarlas como a esos pequeños seres representados por Rafael, como cabezas apoyadas sobre un par de alas: inteligencia pura, o espíritus que aún no han alcanzado la vida corporal. Si no poseen un alma pensante, son al menos fuerzas que semejan la vida.
Leibnitz continúa (§11): “Podemos dar el nombre de Perfecciones (Entelequias) a todas las mónadas, en tanto que hay en ellas cierta integridad o perfección. Hay una suficiencia que las hace fuentes de sus propias acciones internas, y, por así decirlo, autómatas incorpóreos.”
Dice Leibnitz (§19): “Si elegimos dar el nombre de alma a todo aquello que tiene percepciones y deseos, en el sentido general que acabo de indicar, todas las sustancias simples o mónadas pueden llamarse almas.”
Vemos que estos seres infinitesimales son considerados por el gran filósofo casi como existencias inteligentes; y, sin embargo, están muy lejos de nuestras concepciones de la vida y existencia del alma. Son como los Elementales de la Kabbala: nunca se convierten en hombres.
Continuando sus definiciones, dice (§60): “Las mónadas están limitadas, no en el objeto, sino en el modo de su conocimiento del objeto.” Es decir, lo objetivo no tendría poder sobre ellas, pero ellas mismas sólo poseen un conocimiento limitado de la objetividad; por tanto, también un poder limitado. Pero eso no excluye la posibilidad de que sean el medio de una grandísima influencia sobre el mundo objetivo —en manos, naturalmente, de un ser humano inteligente o de un espíritu. “Todas ellas”, dice Leibnitz, “tienden (confusamente) hacia lo infinito, hacia el todo; pero están limitadas y diferenciadas por los grados de claridad en su percepción.”
Cito ahora (§62) una frase que reeco la más hermosa filosofía de Oriente. Leibnitz vio tan claramente como los antiguos adoradores de la naturaleza entre los primeros arios, que “cada mónada representa el universo entero”. Esta breve frase es la clave de toda filosofía mística y de toda magia; sólo es superada por sentencias como éstas: “Dios habita en todas las cosas en su plenitud” (verso de Vemana), y “El mundo es la imagen de Dios” (filosofía sufí).
Es un error común en el mundo creer que Dios y su verdad sólo pueden encontrarse en lo Grande, en lo inmenso, en lo infinitamente vasto.
En oposición a esto, gran parte de nuestra filosofía mística y esotérica señala hacia lo infinitamente pequeño, declarando que, si somos lo bastante humildes para descender al taller de la naturaleza, aprenderemos más de los “átomos en el espacio” sobre los cuales Dios dejó caer un “rayo de su gloria” que de todos los magníficos sistemas de los sabios.
Escucha lo que el propio Leibnitz dice —aunque no era un místico; debería haberlo sido, pues su visión fue verdaderamente notable—. Declara (§66): “Hay un mundo de criaturas, de seres vivos, de animales, de perfección de almas, en la porción más diminuta de la materia.” (§67): “Cada partícula de materia puede concebirse como un jardín de plantas o como un estanque lleno de peces —todo bullendo de vida.”
Ten presente esto: no estoy hablando de átomos de materia, sino de átomos de sustancia, verdaderas unidades, los primeros principios en la composición de las cosas. El propio Leibnitz, además de llamar a estas unidades corpusculares Mónadas, las llamó también puntos metafísicos, y Scaliger las llamó semillas de la eternidad.
Y un poeta persa lo ha expresado muy claramente al decir que un átomo no es una unidad, con estas palabras: “Hiende un átomo y encontrarás en él un Sol.”
He aquí el núcleo de nuestro tema: la sustancia de un átomo en el espacio es el depósito de las fuerzas inmanentes a las cuales los elementales, y en cierta medida los espíritus elementarios, tienen acceso, y por medio de las cuales actúan.
Esta visión está plenamente corroborada por un representante de la ciencia moderna, Sir John F. W. Herschel, quien se acercó mucho a las enseñanzas de la ciencia oculta al declarar la presencia de mente en los átomos. En la Fortnightly Review de 1865, Sir John Herschel afirmó lo siguiente:
“Todo lo que se ha predicado de los átomos —‘esas queridas criaturitas’, como dijo Hermione—, todos sus odios y amores, sus atracciones y repulsiones, conforme a las leyes primarias de su ser, sólo se hace inteligible cuando suponemos la presencia de MENTE.”
Estas diversas definiciones de las mónadas dadas por Leibnitz corresponden, en muchos puntos esenciales, exactamente a lo que encontramos en las enseñanzas ocultas sobre los Elementales, y no veo ninguna buena razón para que no consideremos la Monadología de Leibnitz como una obra acerca de los Elementales.
En realidad, hemos terminado con él en lo que concierne a nuestro tema, pero antes de dejarlo para volvernos hacia otra sabiduría, permíteme citar algunos pasajes más, aunque no se relacionan directamente con el tema de las mónadas. Dice (§83-86):
“Entre las demás diferencias que distinguen a los espíritus de las almas ordinarias, está también ésta: que las almas en general son espejos vivientes o imágenes del universo de las criaturas; pero los espíritus son, además, imágenes de la Divinidad misma o del Autor de la Naturaleza, capaces de conocer el sistema del universo y de imitar algo de él mediante experimentos arquitectónicos, siendo cada espíritu, por así decirlo, una pequeña divinidad en su propio dominio. — De ahí que los espíritus sean capaces de entrar en una especie de comunión con Dios. — Todos los espíritus constituyen la Ciudad de Dios, es decir, el estado más perfecto posible bajo el más perfecto de los monarcas. — La Ciudad de Dios, esta verdaderamente universal monarquía, es un mundo moral dentro del natural; y es la más sublime y la más divina entre las obras de Dios.”
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Artículo del Blog Esoterica sobre los Elementales:
En 1893, William Judge escribió un libro titulado “El Océano de la Teosofía” en donde resumió la enseñanza teosófica que había sido permitida ser difundida en el siglo XIX, y en la primera sección de abajo les puse los textos relacionados con los elementales que aparecen en ese libro.
En 1887, William Judge publicó un artículo dividido en dos partes en su revista Path titulado: “Los elementales y los espíritus elementarios” este artículo (NdT).
En 1888, William Judge publicó tres artículos más en su revista Path tratando sobre los elementales y los cuales amablemente Alexander me los tradujo al español, y estos artículos los puse abajo en las secciones 2, 3 y 4.
Y posteriormente, la investigadora teósofa Dara Eklund hizo una recopilación de todos los artículos que escribió William Judge y los publicó en una colección de cuatro libros conocidos como: “Ecos del Oriente: los textos de William Quan Judge” y los cuales los pueden leer en inglés (aquí)
Y en la sección 5 les traduje el índice de esa colección en lo que concierne los elementales.
Y algún día que tenga el tiempo, pienso hacer un resumen de toda la información que dio William Judge sobre los elementales.
« Los Maestros transhimaláyicos (por medio de miembros de su hermandad psíquicamente entrenados) han efectuado minuciosas observaciones en los reinos invisibles de la naturaleza y de la mente, y estas observaciones han sido inscritas y preservadas en registros.
Y Los Maestros también han dominado los misterios del sonido y del color, solamente a través de los cuales es posible comunicarse con los elementales que están por detrás del velo de la materia, y así como estos grandes Adeptos pueden explicar la razón oculta de por qué cae la lluvia en cierto lugar y con qué objeto cae. Y también saben si la tierra es hueca o no. Qué es lo que hace soplar al viento y brillar la luz.
Y una proeza aun mayor que todas (y la cual requiere del conocimiento de los mismos cimientos de la naturaleza), ellos saben cuales son las divisiones finales del tiempo y cuales son el significado y la duración de los ciclos. »
(Capítulo 1: la Teosofía y los Maestros, p.4)
« El elementario es el “fantasma” de las sesiones espiritistas, en donde se le induce a aparentar ser el verdadero espíritu de éste o aquel individuo.
El elementario es atraído por los pensamientos del médium y de los asistentes de la sesión espiritista, vagamente revolotea donde éstos se encuentran reunidos, y es entonces galvanizado con vida artificial a través de una multitud de fuerzas elementales y con la ayuda del cuerpo astral activo del médium que dirige la sesión, o de cualquier otro médium que se encuentre en la audiencia. »
(Capítulo 5: Cuerpo físico y Cuerpo astral, p.42)
« Los cascarones o envolturas astrales [los elementarlos] junto con el viviente cuerpo astral del médium, y ayudados por ciertas fuerzas de la naturaleza que los teósofos denominan "elementales", producen casi todos los fenómenos del espiritismo que no es fraudulento. »
(Capítulo 6: Cuerpo Kama-Deseo, p.48)
« En el cuerpo kámico [el cuerpo de las pasiones y los deseos] se encuentran los skandas realmente activos e importantes, los que controlan los renacimientos y conducen a todas las variedades de vida y circunstancias de cada reencarnación.
Estos skandas están siendo producidos de día en día, de acuerdo con la ley de que cada pensamiento se combina instantáneamente con una de las fuerzas elementales de la naturaleza, convirtiéndose hasta cierto punto en una entidad que perdurará tanto como haya sido la intensidad del pensamiento al momento de partir del cerebro.
Y todas estas entidades quedan irremisiblemente conectadas con el ser que las creó. No hay ningún medio de escape. Por lo tanto lo único que podemos hacer es generar pensamientos de buena índole, porque ni aún los más elevados Maestros están exentos de esa Ley, sólo que ellos "pueblan su corriente en el espacio" con poderosas entidades capaces únicamente del bien. »
(Capítulo 12: Kama-Loka, p.102)
« También en el Kama-Loka existen los elementos o fuerzas de la naturaleza (como también existen en todas partes del globo y del sistema solar).
Estas entidades son innumerables y sus subdivisiones son casi infinitas, ya que en cierto sentido ellas son los “nervios del cuerpo” que es la naturaleza.
Cada clase tiene su propia función o labor, tal como lo tiene todo elemento o aspecto de la naturaleza. Y así como el fuego quema y el agua corre hacia abajo y no hacia arriba de acuerdo con las leyes de la física, de la misma manera los elementales actúan y funcionan bajo ley, pero como ellos se encuentran más arriba en la escala que el fuego y del agua de nuestro ambiente, la acción de esos elementales parece guiada por la mente.
Algunos de ellos tienen una especial relación con las actividades mentales y con el funcionamiento de los órganos astrales (ya sea que estos se encuentren o no unidos con el cuerpo físico en ese momento).
Y cuando un médium forma el canal vibratorio con un elementario (y también en el caso de otro tipo de coordinaciones naturales), estos elementales establecen una conexión artificial con el cascarón astral de una persona fallecida, y con la ayuda del fluido nervioso del médium y de las otras personas que están cerca, el cascarón se galvaniza y adquiere una vida artificial. »
(Capítulo 12: Kama-Loka, p.104-105)
« Entre los fenómenos que merecen mención, se encuentran aquellos que consisten en el movimiento de objetos sin ningún contacto físico. Y esto puede lograrse de distintas maneras.
1) La primera consiste en proyectar fuera del cuerpo físico la mano y el brazo astrales, y con estos tomar el objeto que se desee mover. Este método puede lograrse hasta una distancia aproximada de tres metros de la persona. Y el propósito aquí no es entamar una discusión sobre este tema, sino simplemente mencionar las peculiaridades de la substancia y miembros astrales.
Y esto podrá servir para explicar algunos de los fenómenos producidos por médiums, ya que en casi todos los casos de tales aportes (y cuando los fenómenos son genuinos), la hazaña se realiza con la ayuda de la mano astral, invisible pero real.
2) Mientras que el segundo método consiste en hacer uso de los elementales (o espíritus de los elementos) y de los cuales ya les he hablado. Y estos elementales, cuando son dirigidos por el hombre interior, tienen la facultad de transportar los objetos cambiándoles la polaridad, y en tales casos vemos como los faquires de la India y algunos médiums en América, son capaces de mover objetos pequeños moviéndose sin aparente ningún apoyo.
Estas entidades elementales se emplean cuando los objetos se transportan a distancias mayores que la extensión a la que pueden ser alargadas los miembros del cuerpo astral. Y no es un argumento valido el hecho de que los médiums desconozcan como funciona este fenómeno, pues rara vez ellos conocen la forma como ellos mismos efectúan esas proezas.
Pero su ignorancia de las leyes ocultas no es prueba de que estas no existan y aquellos estudiantes que internamente han observado el funcionamiento de estas facultades, no necesitarán mayor argumento para demostrarlas. »
(Capítulo 16: Leyes psíquicas Fuerzas y Fenómenos, p.141)
« Existen dentro de la Luz Astral entidades que no usan cuerpos físicos como los nuestros, pero que tampoco son humanos en su naturaleza aunque poseen ciertos poderes, facultades y una especie de conciencia propia.
Estas entidades incluyen a las fuerzas elementales o los espíritus de la naturaleza, que se subdividen en un gran número de tipos y grados, y los cuales toman parte en todas las operaciones de la Naturaleza y en todas las actividades de la mente del hombre.
Y en las sesiones espiritistas, estos elementales actúan automáticamente dentro de sus respectivos campos, y así por ejemplo: unos proyectan imágenes, mientras que otros producen sonidos, y otros más despolarizando objetos con el fin de efectuar moverlos.
Y los hombres sin alma que se encuentran en el plano astral pueden actuar en combinación con los elementales y producir diversos fenómenos, entre los cuales está el fenómeno conocido como la "voz independiente" que siempre suena como una voz dentro de un tonel, por la simple razón de que es producida en un vacío atmosférico, lo que es absolutamente necesario para una entidad tan alejada del Espíritu.
Y el timbre peculiar de ese tipo de voz no ha sido considerado importante por los espiritistas, pero ello es sumamente significativo desde el punto de vista del esotérico.
Para comprender los fenómenos psíquicos hay que admitir la existencia y el funcionamiento de leyes y fuerzas ocultas en la naturaleza, que pueden emplearse para producir resultados fenoménicos en el plano físico, y que estas leyes y estas fuerzas pueden ser operadas por el hombre subconsciente y por los elementales ya sea conscientemente o inconscientemente, y que muchos de estos procesos ocultos son automáticos, en la misma forma que lo es la congelación del agua bajo el frío o el derretimiento del hielo bajo el calor. »
(Capítulo 17: Fenómenos psíquicos y el Espiritismo, p.150-151
Y es por eso que William Judge inventó la palabra “elementales” para designar a las entidades que pertenecen a los reinos sutiles de la naturaleza. Mientras que la palabra “elementarios” se guardó para designar al cascarón astral que queda lentamente desintegrándose en el Kama-Loka cuando la persona ya ascendió al Devachan.
E inicialmente también se utilizaba la palabra “elementarios” para designar a las personas desencarnadas que permanecen despiertas durante su estancia en el astral como suele ser el caso de los suicidas, o gente que murió muy violentamente, o gente muy perversa, etc. Pero posteriormente se evitó para no generar confusión.)
Estudiante: Si le entiendo a usted bien, un elemental es un centro de fuerza, sin inteligencia, sin carácter o tendencias morales, pero sus movimientos son capaces de ser dirigidos por los pensamientos humanos, que pueden, conscientemente o no, darle alguna forma, y hasta cierto punto, inteligencia.
En su forma más simple, es visible como una perturbación en un medio transparente, tal como sería producido por un «pez de cristal, tan transparente como invisible, nadando en el aire de la habitación», y dejando tras de sí un resplandor, igual que el aire caliente cuando sube de una estufa.
Además, los elementales, atraídos y vitalizados por ciertos pensamientos, pueden producir un alojamiento en el sistema humano (del cual luego comparten gobierno junto con el ego) y es muy difícil que se vayan.
Sabio: En general, es correcto, excepto en cuanto a su «efecto de alojamiento». Algunas clases de elementales, sin embargo, tienen una inteligencia propia y un carácter, pero están mucho más allá de nuestra comprensión y quizás deban tener algún otro nombre.
La clase que más tiene que ver con nosotros corresponde con la descripción anterior. Son centros de fuerza o energía que son guiados por nosotros al pensar y al hacer otros movimientos corporales.
Y también actuamos sobre ellos y les damos forma mediante una especie de pensamiento del que no tenemos registro. Ya que una persona podría dar forma a un elemental para que pareciera un insecto, y no podría decir si él hubo pensado tal cosa o no. Porque hay una vasta región desconocida en cada ser humano que él mismo no entiende hasta que lo ha intentado, y sólo después de muchas iniciaciones.
Que los elementales... “pueden producir un alojamiento en el sistema humano, del cual luego comparten gobierno y es muy difícil que se vayan” es totalmente incorrecto. Es sólo en ciertos casos que uno o más elementales son atraídos y “encuentran alojamiento en el sistema humano”. Y en tales casos se aplican reglas especiales. Pero aquí no estamos considerando estos casos.
Por regla general, el mundo elemental interpenetra el sistema humano, y por lo tanto está eternamente presente en él.
Y como el mundo elemental es automático, todos los átomos que llegan y salen continuamente del “sistema humano” están constantemente asumiendo la impresión transmitida por los actos y pensamientos de esa persona (como una placa fotográfica).
Y por consiguiente si tal persona lanza una fuerte corriente de pensamiento, atrae en mayor número a los elementales, y todos ellos toman una tendencia o color predominante, de modo que todos los recién llegados encuentran un color homogéneo o una imagen que asumen instantáneamente.
Por otra parte, un humano que tiene mucha diversidad de pensamiento y de reflexión no es homogéneo, sino que por así decirlo, es multicolor, y así los elementales pueden alojarse en esa parte que es diferente del resto de su aura y desaparecer en condiciones similares.
En el primer caso es una masa de elementales similarmente vibrante o electrificada y coloreada, y en ese sentido puede ser llamada un elemental, de la misma manera que conocemos a un hombre como Jones, aunque durante años haya estado desprendiendo y tomando nuevos átomos de materia bruta.
Estudiante: Si ellos son atraídos y repelidos por los pensamientos, ¿se mueven a la velocidad del pensamiento, digamos desde aquí al planeta Neptuno?
Sabio: Se mueven a la velocidad del pensamiento, y en su mundo no hay espacio ni tiempo como nosotros los entendemos. Si Neptuno está dentro de la esfera astral de este mundo, entonces ellos van allí a esa velocidad, de lo contrario no; pero esa “duda” que tienes no necesita ser resuelta ahora.
Estudiante: ¿Qué determina sus movimientos además del pensamiento, por ejemplo, cuando están flotando alrededor de la habitación?
Sabio: Las otras clases de pensamientos antes mencionadas; ciertas exhalaciones de seres; diferentes ritmos y frecuencias de vibración entre los seres; diferentes cambios de magnetismo producidos por causas presentes o por la luna y el año; polaridades diferentes; cambios de sonido; cambios de influencias de otras mentes a distancia.
Estudiante: Cuando están flotando, ¿pueden ser vistos por cualquiera, o sólo por aquellas personas que son clarividentes?
Sabio: Clarividencia es una palabra pobre. Pueden ser vistos por gente parcialmente clarividente. Por todos aquellos que pueden ver así; quizás por más personas de las que son conscientes del hecho.
Estudiante: ¿Pueden ser fotografiados, como el aire que sube de la estufa caliente?
Sabio: Aún no lo sé. Sin embargo, no es imposible.
Estudiante: ¿Son ellos las luces que son vistos flotando alrededor de una oscura sala de espiritismo por la gente clarividente?
Sabio: En la mayoría de los casos esas luces son producidas por ellos.
Estudiante: ¿Cuál es exactamente su relación con la luz, la cual hace necesaria la realización de las sesiones espiritistas en la oscuridad?
Sabio: No es su relación con la luz lo que hace necesaria a la oscuridad, sino el hecho de que la luz provoca constante agitación y alteración en el magnetismo de la habitación. Sin embargo, todas estas cosas se pueden hacer también a la luz del día.
Si yo fuera capaz de aclararte “exactamente cuál es su relación con la luz”, entonces sabrías lo que durante mucho tiempo se ha mantenido en secreto y que es la clave del mundo elemental. Esta se mantiene vigilada porque es un secreto peligroso. Y no importa cuán virtuoso seas, pues no podrías (una vez que supieras el secreto) evitar que el conocimiento se metiera en la mente de otros quienes no dudarían en usarlo para malos propósitos.
Estudiante: He notado que la atención frecuentemente interviene con ciertos fenómenos paranormales y así por ejemplo: un lápiz en esas condiciones no escribirá cuando es observado, pero escribe inmediatamente cuando está tapado; o una pregunta mental no puede ser contestada hasta que la mente la haya olvidado y esté ocupada en otra cosa. ¿A qué se debe esto?
Sabio: Este tipo de atención crea confusión. En estas cosas usamos el deseo, la voluntad y el conocimiento. El deseo está presente, pero el conocimiento está ausente. Cuando el deseo está bien formado y la atención se retira, el fenómeno es hecho a menudo; pero cuando nuestra atención se continúa, sólo interrumpimos, porque sólo disponemos de la mitad de la atención.
Para utilizar la atención, debe ser de ese tipo que puede atenerse a la punta de una aguja por un período de tiempo indefinido.
Estudiante: Me han dicho que pocas personas pueden ir a una sesión espiritista sin peligro para ellos, ya sea alguna contaminación espiritual o astral, o tener agotada su vitalidad en beneficio de los fantasmas, quienes chupan la fuerza vital fuera del círculo a través del médium, como si los primeros fueran un vaso de limonada y el último una pajita. ¿Cómo es esto?
Sabio: En general esto sucede y es llamado por los hindús el “Culto a los Bhutas” [a los fantasmas].
Estudiante: ¿Por qué los que visitan una sesión espiritista están extremadamente cansados al día siguiente?
Sabio: Entre otras razones, porque los médiums absorben la vitalidad para el uso de los “fantasmas”, y a menudo están presentes los infames vampiros elementarios.
Estudiante: ¿Cuáles son algunos de los peligros de las sesiones espiritistas?
Sabio: Las escenas vistas (en el astral) en las sesiones espiritistas son horribles, en la medida en que estos “espíritus” (Bhutas) se precipitan por igual sobre los médiums y los humanos fáciles de penetrar que se encuentran a lado de ellos; y como no hay sesiones espiritistas sin estar presentes algunos o muchos elementarios malos (que son desechos humanos del Kama-Loka que han sido revitalizados) pues el lógico que haya hay mucho vampirismo energético por parte de estas entidades.
Estas cosas caen sobre la gente como un nubarrón o un pulpo gigante, y desaparecen dentro de ellos como si fueran absorbidos por una esponja, y esa es una de las razones por las que en general no es bueno asistir a las sesiones espiritistas.
Todos los elementarios no son malos, pero, en un sentido general tampoco no son buenos. Son cascarones astrales, de eso no hay duda. Y bueno, tienen mucha acción automática y aparentemente inteligente si son los elementarios de aquellas personas fuertemente materiales que murieron apegadas a las cosas de la vida.
En cambio si son los cascarones de las personas de carácter opuesto, no son tan fuertes. Y luego hay una clase que en realidad no está muerta, como los suicidas, las muertes repentinas y las personas muy perversas.
Pueden llegar a ser poderosos porque los elementales entran en todos ellos, y así obtienen una personalidad ficticia y una inteligencia que son totalmente propiedad del cascarón.
Los elementales excitan a los elementarios para que actúen, y por sus medios pueden ver y oír como lo hacemos nosotros, y en esos casos (cuando los elementarios han sido reactivados por medio de los elementales) ellos actúan como un cuerpo humano noctámbulo, y ellos mostrarán, a través del hábito, el avance que obtuvieron cuando estaban encarnados.
Sin embargo debes de saber que algunas personas no imparten a sus moléculas corporales el hábito de sus mentes en tan gran medida como otras personas lo hacen. Y es por eso que vemos por qué las declaraciones hechas por estos llamados “espíritus” nunca van por delante del punto más alto de progreso alcanzado por los seres humanos vivientes, y por qué toman las ideas elaboradas día a día por sus devotos.
Y esta adoración a las sesiones de espiritismo es lo que en la Antigua India se le llamó adoración de los Pretas, Bhutas, Pisachas y Gandharvas.
No creo que ningún elementario haya tenido un motivo que no sea malo; el resto no son nada, no tienen ningún motivo y son sólo las sombras a las que Caronte negó el paso.
Estudiante: ¿Cuál es la relación entre la fuerza sexual y los fenómenos?
Sabio: Es fundamental. Esta fuerza es vital, creativa y una especie de depósito. Puede perderse tanto por la acción mental como por la acción física. De hecho, su parte más fina es disipada por las fantasías mentales, mientras que los actos físicos sólo extraen la parte bruta, que es la portadora (Upadhi) de la más fina.
Estudiante: ¿Por qué tantos médiums estafan, incluso cuando pueden producir fenómenos reales?
Sabio: Es el efecto del uso de lo que en sí mismo es la estafa sublimada, la cual, actuando sobre una mente irresponsable, produce el tipo más bajo de estafa, de la cual, el más elevado tipo es alguna forma ilusoria cualquiera. Además, un médium está necesariamente desequilibrado en alguna parte.
Ellos tratan con estas fuerzas por dinero, y eso es suficiente como para traerles toda la maldad de la época. Usan las clases realmente brutas de materia, las cuales causan la inflamación de las correspondientes porciones del carácter moral, y por lo tanto, divagaciones del camino de la honestidad. Es una gran tentación. Y también hay que considerar la ferocidad que hay en aquellos que “han pagado” por una sesión y desean “que merezca la pena gastar su dinero”.
Estudiante: Cuando un clarividente, al igual que hizo aquí un hombre hace un año, me dice que “ve una fuerte pandilla de espíritus alrededor de mí”, y entre ellos un anciano que dice ser un personaje eminente, ¿qué es lo que ve realmente? ¿Cáscaras vacías e inconscientes? Y si es así, ¿qué las trajo allí? ¿O son elementales que han obtenido su forma de mi mente o de la suya?
Sabio: Creo que cáscaras, y pensamientos, y viejas imágenes astrales. Si por ejemplo, una vez viste a esa persona eminente y te formaste un gran respeto o temor por él, de modo que su imagen fue grabada en tu esfera astral en líneas más profundas que otras imágenes, esta imagen sería vista durante toda tu vida por los videntes, quienes si no estuvieran entrenados (como todos los que están aquí) no sabrían si sería una imagen o una realidad, y por tanto cada observación es una revivificación de la imagen.
Además, no todos verían lo mismo. Por ejemplo, si caes y esto hiere a tu cuerpo, ese suceso pondrá ante el ojo del vidente a todos los acontecimientos similares y a las viejas cosas olvidadas.
Todo el mundo astral es una masa de ilusión. La gente observa en el mundo astral y luego, a través de la novedad de la cosa y la exclusividad del poder, están desconcertados al pensar que realmente ven cosas verdaderas, mientras que sólo han quitado una fina corteza de tierra.
Estudiante: Acepte usted mi agradecimiento por su instrucción.
Sabio: Que alcances el escalón de la iluminación.
William Q. Judge
Path, Mayo de 1888
Fuente: Los Elementales explicados por William Judge, Blog Esoterica
3 - LAS LEYES QUE GOBIERNAN A LOS ELEMENTALES
Estudiante: Un materialista me dijo su opinión de que todo lo que se dice sobre los mantras es una mera teoría sentimental, y que aunque puede ser cierto que ciertas palabras afecten a la gente, la única razón es que ellos [los mantras] expresan ideas desagradables o agradables a los oyentes, pero que los meros sonidos, como tales, no tienen efecto alguno, y él negó totalmente todo en cuanto a las palabras o sonidos que afectan a los animales.
Y por supuesto este materialista no tendría en cuenta a los elementales, ya que su existencia es inconcebible para él.
Sabio: Esta opinión es bastante natural en estos días. Ha habido tanta materialización del pensamiento, y la verdadera actitud científica de las mentes destacadas de diferentes ramas de la investigación ha sido tan mal entendida por aquellos que piensan seguir el ejemplo de los científicos, que la mayoría de las personas en Occidente tienen miedo de admitir cualquier cosa más allá de lo que puede ser percibido por los cinco sentidos físicos.
El hombre de quien hablas es uno de esa clase siempre numerosa que acepta como fijas e inalterables las leyes establecidas de tiempo en tiempo por sabios bien conocidos, olvidando que estos últimos cambian constantemente y avanzan de punto a punto.
Estudiante: ¿Piensa usted entonces que el mundo científico admitirá algún día mucho de lo que es conocido por los Ocultistas?
Sabio: Sí. Porque el verdadero Científico siempre estará en tal actitud que le permita admitir cosas demostradas. Puede parecerte que a menudo es obstinado y ciego, pero de hecho él está moviéndose lentamente hacia la verdad. Quizás demasiado lentamente para ti, pero él no está en la posición de saberlo todo.
Es en cambio aquel que aparenta ser científico y quien jura por los resultados publicados del trabajo de los hombres principales, que estos son la última palabra, mientras que en el mismo instante en que lo hace, su autoridad puede que haya hecho observaciones o que haya preparado nuevas teorías que tienden a ampliar y avanzar mucho el último enunciado. Es ese “científico” quien muestra tanto fanatismo material el que no podrá avanzar más hacia la verdad.
En el pasado temíamos cuando el dogmatismo de un sacerdote respaldado por la “ley divina” declaraba que un descubrimiento se oponía a la palabra revelada de su dios.
Afortunadamente esos eventos se han ido por mucho tiempo, y no necesitamos más escenas como aquella en la que Galileo tomó parte. Pero entre las mentes materialistas a las que te referiste, queda mucho de ese viejo espíritu. Sólo que la “palabra revelada por Dios” se ha convertido en las declaraciones de nuestros líderes materialistas científicos.
Estudiante: He observado eso incluso en el último cuarto de siglo. Hace unos diez años, muchos hombres bien conocidos se reían para desdeñar a cualquiera que admitiera los hechos de la experiencia de todo mesmerizador, mientras que ahora, bajo el término “hipnotismo”, casi todos son admitidos.
Y cuando estas luces de nuestro tiempo lo negaban todo, los médicos franceses estaban recopilando los resultados de una larga serie de experimentos.
Parece como si la invención de un nuevo vocablo a favor de uno viejo y muy maltratado proporcionara una excusa para aceptar todo lo que anteriormente se había negado.
Pero, ¿tiene usted algo que decir sobre esos investigadores materialistas? ¿No están gobernados por alguna ley poderosa, aunque no percibida?
Sabio: Lo están. Ellos están en el primer plano del temporal progreso mental, pero no espiritual, y están impulsados por fuerzas de las cuales no saben nada.
Los Maestros de la Sabiduría oculta les ayudan muy a menudo, y sin olvidar nada constantemente se ocupan de que estos hombres hagan progresos en las líneas más aptas para ellos, así como tú eres ayudado no sólo en tu vida espiritual, sino también en tu vida mental.
Y por lo tanto, estos hombres seguirán admitiendo hechos y hallando nuevas leyes o nuevos nombres para las leyes viejas, para explicarlas. No pueden evitarlo.
Estudiante: Entonces, ¿cuál debe ser nuestro deber como estudiantes de la verdad? ¿Debemos ser reformadores de la ciencia, o qué?
Sabio: No debes tomar el papel de reformador de escuelas y de sus instructores, porque el éxito no acompañaría al esfuerzo. La ciencia es competente para cuidar de sí misma, y sólo estarías lanzando perlas delante de ellos para ser pisoteadas bajo sus pies.
Por el momento, quédate satisfecho de que todo lo que esté al alcance de su comprensión será descubierto y admitido de momento a momento, porque el intento de obligarlos a admitir lo que tú crees que es tan simple se debe casi exclusivamente a tu vanidad y a tu deseo de elogio.
No es posible forzarlos, como tampoco debo yo forzarte a ti a admitir ciertas leyes incomprensibles, y no creerías sabio o justo desvelar cosas ante ti, hacerte entender que no tienes el desarrollo necesario, y luego forzarte a admitir su verdad.
O si por reverencia, debieras decir: “estas cosas son ciertas”, mientras que no comprendieras nada y no avanzaras, te hubieras inclinado ante una fuerza superior.
Estudiante: Pero, ¿no quiere usted decir que deberíamos permanecer ignorantes de la ciencia y dedicarnos sólo a la ética?
Sabio: De ningún modo. Conoce todo lo que puedas. Estate versado en todo lo que las escuelas han declarado y examínalo, y haz tanto por tu cuenta como sea posible, pero al mismo tiempo enseña, predica y practica una vida basada en una verdadera comprensión de la fraternidad.
Este es el verdadero camino. La gente común, los que no saben de ciencia, son los más numerosos. Se les debe enseñar que los descubrimientos de la ciencia, aunque no estén iluminados por el Espíritu, no necesariamente pueden convertirse en “Magia Negra”.
Estudiante: En nuestra última conversación usted tocó el tema de la custodia del tesoro enterrado por los elementales. Me gustaría escuchar un poco más acerca de eso. No sobre cómo controlarlos o cómo obtener el tesoro, sino sobre el tema en general.
Sabio: Las leyes que rigen la ocultación del tesoro enterrado son las mismas que las que se relacionan con los objetos perdidos. Cada persona tiene encima un fluido, o un plano, o una esfera, o energía, comoquiera que lo llames, en el que hay constantemente elementales que participan de la naturaleza de la persona. Es decir que están teñidos con su color e influenciados por su carácter.
Hay numerosas clases de estos. Algunos humanos tienen muchos de una clase o de todas, o muchos de alguna clase y pocos de otras clases. Y cualquier cosa que lleves puesta está conectada con tus elementales. Por ejemplo, tú llevas ropa hecha de lana o de lino, y pequeños objetos hechos de madera, hueso, latón, oro, plata y otras sustancias.
Pues bien, cada uno de estos objetos tiene ciertas relaciones magnéticas características de sí mismo, y todos ellos están empapados, en mayor o menor medida, tanto por tu magnetismo como por tu fluido nervioso.
Algunos de ellos, debido a su sustancia, no conservan este fluido durante mucho tiempo, mientras que otros sí. Y los elementales están conectados (cada clase según su sustancia) con esos objetos por medio del fluido magnético. Y ellos actúan sobre la mente y los deseos en mayor medida de lo que tú sabes, y de una manera que no puede ser expresada en Inglés.
Tus deseos tienen un poderoso control, por así decirlo, sobre ciertas cosas, y sobre otras tiene un agarre más débil. Y cuando uno de estos objetos es abandonado de repente, está invariablemente seguido por elementales. Ellos son atraídos hacia el objeto, y se puede decir que se van con él a causa de la atracción en lugar de por la vista.
En muchos casos envuelven completamente la cosa, de modo que, aunque esté cerca, no puede ser vista por el ojo. Pero después de un tiempo el magnetismo desaparece, y su poder de envolver el objeto se debilita, con lo cual se hace visible.
Esto no sucede en todos los casos. Pero es una ocurrencia diaria, y es suficientemente obvia para muchas personas como para estar lejos del terreno fabuloso.
En verdad, pienso que uno de tus literatos ha escrito un ensayo sobre esta misma experiencia, en el cual, aunque tratadas con una vena cómica, son contadas muchas verdades inconscientemente. Su título era, si no me equivoco, «Sobre la Perversidad Innata de los Objetos Inanimados».
Hay un equilibrio tan fino de fuerzas en estos casos, que debes tener cuidado con tus generalizaciones. Puedes preguntarte por ejemplo: ¿por qué cuando se abandona un abrigo, rara vez desaparece de la vista?
(Bueno, hay casos en los que incluso un objeto tan grande está oculto, pero no son muy comunes.)
Pues bien la respuesta es porque tu abrigo está lleno de tu magnetismo, y los elementales pueden sentir tanto de ti en él como cuando lo llevas en tu espalda. Puede que para ellos no haya ninguna alteración de las relaciones, magnéticas y de otro tipo. Y a menudo, en el caso de un objeto pequeño no invisible, el equilibrio de fuerzas, debido a muchas causas que tienen que ver con tu condición en el momento, impide la ocultación.
Para resolver algún caso en particular, habría que observar la esfera en la que se oculta la operación de estas leyes, y calcular todas las fuerzas, para decir por qué sucedió de una manera y no de otra.
Estudiante: Pero tome el caso de un hombre que, estando en posesión del tesoro, lo esconde en la tierra y se marcha y muere, y el tesoro no se encuentra. En ese caso, los elementales no lo ocultaron. O también cuando un avaro entierra su oro o sus joyas. ¿Qué pasa en tales casos?
Sabio: En todos los casos en que un hombre entierra oro, joyas, dinero o cosas preciosas, sus deseos están apegados a lo que esconde. Muchos de sus elementales se apegan al objeto, y además, otras clases de ellos (quienes no tuvieron nada que ver con él) se reúnen alrededor y lo mantienen oculto.
En el caso del capitán de un barco que contiene tesoros, las influencias son muy poderosas, porque allí se reúnen los elementales de todas las personas relacionadas con el tesoro, y el propio funcionario está lleno de ansiedad por lo que se compromete con su cargo.
También debes recordar que el oro, la plata y los metales, tienen relaciones con elementales que son de un carácter fuerte y peculiar. No trabajan para la ley humana, y la ley natural no asigna ninguna propiedad en los metales para el hombre, ni reconoce en él ningún derecho propio o trascendente de retener lo que ha cavado de la tierra o adquirido para sí mismo. Y por lo tanto no encontramos a los elementales ansiosos por devolverle el oro o la plata que había perdido.
Si asumiéramos que se ocupaban de atender los deseos de los humanos, o de establecer lo que llamamos nuestros derechos de propiedad, podríamos inmediatamente admitir la existencia de una Providencia caprichosa e irresponsable.
Ellos proceden únicamente de acuerdo con la ley de su ser y, como no tienen el poder de juzgar, no cometen errores y no son movidos por consideraciones basadas en nuestros derechos adquiridos o nuestros deseos insatisfechos. Y por consiguiente los espíritus que se relacionan con los metales, invariablemente actúan como mandan las leyes de su naturaleza, y una manera de hacerlo es oscurecer los metales de nuestra visión.
Estudiante: ¿Puede poner usted alguna aplicación de todo esto al campo de la ética?
Sabio: Hay una cosa muy importante que no debes pasar por alto. Cada vez que criticas duramente y sin piedad los defectos de otro, produces una atracción hacia ti mismo de ciertas cantidades de elementales de esa persona. Ellos se pegan a ti y se esfuerzan por encontrar en ti un estado o mancha o defecto similares que ellos han dejado en la otra persona. Es como si le hubieran abandonado para ocuparse de ti a sueldos más altos, por así decirlo.
Esto es a lo que me referí en una conversación anterior, acerca del efecto de nuestros actos y pensamientos, no sólo en la porción de la luz astral (con sus elementales) que pertenece a cada uno de nosotros, sino a todo el mundo astral. Si los hombres vieran las terribles imágenes allí impresas y que constantemente nos arrojan sus insinuaciones para repetir los mismos actos y pensamientos, podría acercarse pronto un nuevo milenio.
La luz astral es, en este sentido, lo mismo que la placa negativa de un fotógrafo, y nosotros somos el papel sensible de abajo, en el que se está imprimiendo la imagen. Podemos ver dos tipos de imágenes para cada acto.
Uno es el propio acto, y el otro es el cuadro de pensamientos y sentimientos que animan a aquellos que participan en él. Por lo tanto, puedes ver que puedes ser responsable de muchas más imágenes terribles de lo que habías supuesto. Puesto que, muy a menudo, las acciones que tienen una apariencia exterior inocente tienen tras ellas al peor de los pensamientos o deseos.
Estudiante: ¿Tienen estas imágenes de la luz astral algo que ver con nosotros al reencarnarse en las posteriores vidas terrestres?
Sabio: En verdad tienen mucho que ver. Somos influenciados por ellos durante largos períodos de tiempo, y en esto quizás puedas encontrar pistas acerca de muchas operaciones de la ley Kármica activa, las cuales estás buscando.
Estudiante: ¿No hay también algún efecto sobre los animales, y por medio de ellos sobre nosotros, y viceversa?
Sabio: Sí. El reino animal es afectado por nosotros a través de la luz astral. Hemos imprimido sobre estas imágenes de crueldad, dominio y matanza. Todo el mundo Cristiano admite que el ser humano puede matar indiscriminadamente a los animales, en base a la teoría de que los animales no tienen alma, elaboradamente expresada por los sacerdotes en los primeros tiempos. Incluso los niños pequeños aprenden esto y muy temprano comienzan a matar insectos, pájaros y animales, no para protección, sino por perversidad.
A medida que crecen el hábito continúa, y en Inglaterra vemos que disparar un gran número de pájaros más allá de las necesidades de la mesa, es una peculiaridad nacional, o, como yo diría, un vicio.
A esto se le puede llamar una ilustración suave. Si estas personas pudieran atrapar a los elementales con la misma facilidad con la que se lo hacen a los animales, los matarían para divertirse cuando no se quisieran aprovechar de ellos; y si los elementales se negaran a obedecer, como castigo vendría su muerte.
Todo esto es percibido por el mundo elemental, sin conciencia, por supuesto; pero, bajo las leyes de acción y reacción, recibimos de él exactamente lo que damos.
Estudiante: Antes de dejar el asunto me gustaría volver a hacer referencia a la cuestión de los metales y a la relación del hombre con los elementales vinculados al mundo mineral. Vemos a algunas personas que siempre parecen ser capaces de encontrar metales con facilidad -o, como dicen, que tienen suerte en ese sentido.
¿Cómo puedo reconciliar esto con la tendencia natural de los elementales a esconderlos? ¿Es debido a que hay una guerra o una discordia, por así decirlo, entre las diferentes clases de elementales pertenecientes a una sola persona?
Sabio: Esa es una parte de la explicación. Como ya he dicho, algunas personas tienen más de una clase que de otra. Una persona afortunada con los metales, digamos de oro y plata, tiene a su alrededor más elementales vinculados con, o pertenecientes a, los reinos de esos metales, que otra gente, y por lo tanto hay menos conflictos entre los elementales.
El predominio de los espíritus metálicos hace a la persona más homogénea con sus reinos, y existe una atracción natural entre el oro o la plata perdidos o enterrados y esa persona, más que en el caso de otras personas.
Estudiante: ¿Qué determina esto? ¿Se debe a un anhelo de oro y plata, o es innato?
Sabio: Es innato. Las combinaciones en cualquier individuo son tan intrincadas y debidas a tantas causas que no podrías calcularlas. Llegan desde muchas generaciones anteriores, y dependen de las peculiaridades del suelo, el clima, la nación, la familia y la raza. Estas peculiaridades son, como puedes ver, enormemente variadas, y junto con los materiales ahora a tu disposición, más allá de tu alcance. El mero deseo de oro y plata no lo hará.
Estudiante: También opino que intentar conseguir a esos elementales pensando fuertemente tampoco cumplirá ese resultado.
Sabio: No, no lo hará, ya que sus pensamientos no los alcanzan. No te oyen ni te ven, y, como las personas no instruidas influyen en ellos es sólo por medio de la concentración accidental de fuerzas, estos accidentes sólo son posibles en la medida en que poseas la inclinación natural al particular reino cuyos elementales has influido.
Estudiante: Le doy las gracias por la enseñanza.
Sabio: ¡Que seas guiado al sendero que conduce a la luz!
William Q. Judge
Path, Septiembre de 1888
Texto original en inglés aquí: www.blavatsky.net/index.php/laws-governing-elementals
4 - LOS ELEMENTALES Y EL KARMA
Estudiante: Permítame usted preguntarle de nuevo, ¿los elementales son seres?
Sabio: No es fácil transmitirte una idea de la constitución de los elementales; estrictamente hablando, no lo son, porque la palabra elementales ha sido usada en referencia a una clase de ellos que no tienen ser como los mortales. Sería mejor adoptar los términos utilizados en los libros indios, como Gandharvas, Bhutas, Pisachas, Devas, etc. Muchas cosas bien conocidas sobre ellos no pueden ser expresadas en el lenguaje corriente.
Estudiante: ¿Se refiere a que son capaces de actuar en la cuarta dimensión del espacio?
Sabio: Sí, en cierta medida. Atar una cuerda interminable con muchos nudos -una cosa que se hace a menudo en las sesiones espiritistas- es posible para quien conoce más de tres dimensiones del espacio. Ningún ser tridimensional puede hacer esto; y de la manera que tú entiendes la «materia», es imposible que puedas concebir cómo se puede atar tal nudo o cómo un anillo sólido puede atravesar la materia de otro sólido. Estas cosas pueden ser hechas por elementales.
Estudiante: ¿No son todos ellos de una clase?
Sabio: No. Hay diferentes clases para cada plano de la naturaleza, y para cada división del plano. Muchos nunca pueden ser reconocidos por los hombres. Y los que pertenecen a un plano no actúan en otro. También debes recordar que estos «planos» de los que estamos hablando se interpenetran entre sí.
Estudiante: ¿Debo entender que un clarividente o un clariaudiente tienen que ver con o son afectados por, una cierta clase especial o clases de elementales?
Sabio: Sí. Un clarividente sólo puede ver las visiones que pertenecen completamente a los planos que su desarrollo alcanza o que ha abierto. Y los elementales de esos planos muestran al clarividente sólo aquellas imágenes que pertenecen a su plano. Otras partes de la idea o la cosa representada pueden ser conservadas en planos aún no abiertos para el vidente. Por esta razón pocos clarividentes conocen toda la verdad.
Estudiante: ¿No hay alguna relación entre el Karma del ser humano y los elementales?
Sabio: Una muy importante. El mundo elemental se ha convertido en un factor fuerte en el Karma de la raza humana. Siendo inconsciente, automático y fotográfico, asume la apariencia de la propia familia humana.
En las edades más tempranas, cuando podemos postular que el hombre no había comenzado todavía a realizar mal Karma, el mundo elemental era más amistoso con el hombre porque no había recibido impresiones desagradables.
Pero tan pronto como el hombre comenzó a ser ignorante, hostil a sí mismo y al resto de la creación, el mundo elemental comenzó a asumir exactamente la misma apariencia y devolver a la humanidad el pago exacto, por así decirlo, debido a sus acciones.
O como un burro que, cuando se le empuja, te empujará. O como un ser humano, cuando se le enfada o insulta, se siente inclinado a devolver lo mismo. Así que el mundo elemental, siendo fuerza inconsciente, refleja o reacciona sobre la humanidad exactamente como la humanidad actuó hacia él, aunque las acciones de los hombres fueron hechas o no con conocimiento de estas leyes.
Así que en estos tiempos, lo que ocurre es que el mundo elemental tiene la apariencia y la acción que es el resultado exacto de todas las acciones, pensamientos y deseos de los humanos desde los primeros tiempos.
Y como es inconsciente y actúa sólo de acuerdo con las leyes naturales de su ser, el mundo elemental es un poderoso factor en el funcionamiento del Karma. Y mientras la humanidad no cultive el sentimiento fraternal y la caridad hacia toda la creación, los elementales no tendrán el impulso de actuar para nuestro beneficio.
Pero tan pronto y dondequiera que el ser o los seres humanos comiencen a cultivar sentimientos y amor fraternales por toda la creación, allí y entonces los elementales empezarán a asumir la nueva condición.
Estudiante: Entonces, ¿qué hay acerca de la realización de fenómenos por parte de los adeptos?
Sabio: La realización de fenómenos no es posible sin la ayuda o la perturbación de elementales. Todo fenómeno conlleva el gasto de gran fuerza, y también provoca una gran perturbación en el mundo elemental, la cual está más allá del límite natural de la vida humana ordinaria. Entonces resulta que, tan pronto como el fenómeno es completado, la perturbación ocasionada empieza a ser compensada.
Los elementales están en movimiento muy agitado y se precipitan en varias direcciones. Ellos no son capaces de afectar a quienes están protegidos. Pero son capaces, o más bien, es posible para ellos, entrar en la esfera de las personas desprotegidas, y especialmente aquellas personas que se dedican al estudio del ocultismo.
Y luego se convierten en agentes para la concentración del karma de esas personas, produciendo a menudo problemas y desastres, u otras dificultades que de otro modo podrían haberse repartido en un período de tiempo con la finalidad de no ser tenidas en cuenta más que las vicisitudes ordinarias de la vida.
Esto explicará el significado de la afirmación de que un Adepto no realizará un fenómeno a menos que vea el deseo en la mente do otro Adepto o estudiante, inferior o superior; pues entonces hay una relación de simpatía y también una aceptación tácita de las consecuencias que pueden derivarse.
También ayudará a comprender la frecuente peculiar renuncia de algunas personas que pueden realizar fenómenos, a realizarlos en casos en que podamos pensar que su realización sería beneficiosa; y también por qué nunca se realizan para conseguir fines mundanos, como es natural para la gente mundana suponer, -tal como la adquisición de dinero, la transmisión de objeto, la influencia en las mentes, y así sucesivamente.
Estudiante: Acepte mis agradecimientos por su instrucción.
Sabio: ¡Qué alcances el escalón de la iluminación!
William Q. Judge
Path, Junio de 1888
Texto original en inglés aquí: www.blavatsky.net/index.php/elementals-karma
5 - ECOS DEL ORIENTE
Índice sobre los elementales:
· Los adeptos pueden utilizar conscientemente a los elementales, II 312
· Los elementales del reino “aéreo”, II 93-4
· Todos los elementales pueden ser dañinos, II 353
· Los restos astrales y los elementales, III 45
· Minerales y elementales son futuros hombres, III 400
· Obediencia automática del elemental, I 560
· Pactos de los elementales con los humanos, II 94
· El control de los elementales no provechoso, I 4
· Los elementales sólo pueden copiar lo que existe, I 512
· Peligro de abrir la puerta a los elementales, II 340-1, 353, 403-4
· El papiro egipcio y los elementales, I 535-6
· Existen elementales en todas partes, II 432
· Existen elementales en luz astral, II 72
· Existen elementales en plano astral, II 353
· Existen elementales en las fuerzas de la naturaleza, II 228
· Elementales pronostican lugares para ser civilizados, I 109, 301-2
· Elementales generado por otros seres, II 228
· Alucinaciones provocadas por los elementales, I 22
· Blavatsky no era controlada por los elementales, I 512
· Los elementales eran incorporados en las reliquias de los muertos, II 404
· Los elementales carecen de conciencia, I 289; III 61
· Los elementales son instrumentos para Karma, II 72, 297
· El espiritismo atrae a los elementales, I 453, 455
· Los hombres son médiums para los elementales, I 52
· Funcionamiento y formas de los elementales, I 535-6
· Movimientos de los elementales, I 109
· Los espíritus de naturaleza, II 237, 404
· Los elementales son como los nervios de la naturaleza, I 353
· Los elementales obedecen leyes peculiares a, II 432
· Capacidad de precipitar de los elementales, III 61
· Protección de los elementales, II 392
· Saptaṛishis son avanzados, II 250
· Limpiadores de registro astral, I 555-7
· Los elementales en las sesiones espiritistas, I 200
· Aparentemente son "seres inteligentes", II 340-1
· La piel de la Tierra y los elementales, I 559-60
· Algunos son amistosos y otros nono, I 289
· Sujetos a karma, II 235
· Como súcubos, II 94
· Símbolos para las diferentes clases de elementales, II 413
· Los pensamientos se unen con los elementales, III 61
· La transformación de los elementales, II 297
· Objetos transportados por los elementales, I 356
· Los vicios atraen hordas de elementales, I 76-7
· Los elementales del agua pueden ser peligrosos, II 237
· Cuáles son los elementales, II 235
· No todos los elementales alcanzar el estado del hombre en este Manvantara, III 400
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The Path, Volumen 1, febrero 1887, The Elementals, the Elementary Spirit II- C.H.A Bjerregaard
Hay varias designaciones para “ángeles” en la Biblia, que muestran claramente que seres como los elementales de la Kabbala y las mónadas de Leibnitz deben ser entendidos por ese término más bien que por aquello que comúnmente se entiende. Son llamados “estrellas de la mañana,” (Job 38, 7); “fuegos llameantes,” (Ps. 104, 4); “los poderosos,” (Ps. 103, 20) y San Pablo los ve en su visión cosmogónica (I Col. 1,16) como “principados y potestades.” Nombres tales como estos excluyen la idea de personalidad, y nos encontramos obligados a pensar en ellos como existencias impersonales, del mismo modo en que concebimos al ángel que agitó las aguas del estanque de Bethesda como una influencia, una sustancia espiritual o una fuerza consciente.
Afirmé arriba que la Kabbala enseñaba que todos los eventos en la Naturaleza y la Historia estaban bajo la superintendencia inmediata de espíritus, elementales y elementarios. Estaba en armonía con tales enseñanzas que los traductores de la Septuaginta tradujeran Deuteronomio 32, 8-9, así: “Cuando el Altísimo dividió a las naciones su herencia, estableció los límites de los Gentiles según el número de los espíritus, pero Él mismo tomó su morada en Israel.”
Según esta traducción, que difiere radicalmente (1) de la ortodoxa, los espíritus, es decir, los Espíritus Elementales y Elementarios, son los gobernantes, los principados y potestades entre los gentiles, es decir, todos los pueblos fuera de Israel. Sea lo que sea que pensemos de la exclusividad de este pasaje, y del trabajo dado al “pueblo elegido” para realizar, podemos verificar este pasaje históricamente.
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1. La traducción ortodoxa es: “When the Most High divided to the nations their inheritance, when he separated the sons of Adam, he set the bounds of the people according to the number of the children of Israel.”
Todos los pueblos de la tierra — en tanto conozcamos sus ideas religiosas y filosóficas — han extraído su vida espiritual de fuentes muy diferentes de aquellas de donde los líderes de Israel derivaron su inspiración. Digo los líderes de Israel, porque los israelitas como pueblo nunca comprendieron la misión impuesta sobre ellos, constantemente recaían en lo que ha sido llamado la “idolatría” de las naciones alrededor. El pueblo, como pueblo, fue fiel a sus instintos naturales, que los llevaron a seguir la influencia guía de ideas naturales (es decir, Espíritus Elementales y Elementarios).
No necesito decirte que las Ideas de las que ahora se habla no son meramente Concepciones, tal como nosotros, de acuerdo con el uso común, solemos creer. Las Ideas para el mundo antiguo eran exactamente lo mismo que Leibnitz llamó mónadas, y la Kabbala Elementos y Espíritus Elementales y Elementarios. Platón, por ejemplo, atribuye a las ideas una existencia independiente, singular y un poder hipostático. Él las llama Dioses (en el Timeo), y afirma que el movimiento, la vida, la animación y la razón les pertenecen (en el Sofista).
Las naciones de la tierra, todas aquellas que no pertenecen a los pocos elegidos, han sido en verdad — para bien y para mal — guiadas por los Espíritus, ahora llamados Elementales, ahora Ideas y ahora Dioses. Por lo tanto, si alguien estudiará la historia de la humanidad, debe comenzar con un conocimiento de estos poderes ocultos. Si alguien guiará la historia de la humanidad, debe seguir las leyes de estas fuerzas ocultas.
Si reconocemos la traducción de la Septuaginta tal como se dio arriba, y nos encontramos fuera del recinto del pueblo elegido, cuyo trabajo está en “el plan de salvación,” sabemos dónde buscar los poderes intermedios entre nosotros y la Deidad, sabemos que son los Elementales, los poderes de la Naturaleza, los silenciosos pero invencibles gigantes de los Elementos.
La importancia para los Teósofos de la escuela moderna de concepciones claras sobre estos puntos es evidente. No necesito señalarte por qué y para qué.
En el Zohar se afirma que, “cuando los espíritus descienden, se visten con aire o se envuelven en Elementos.” También se afirma que, “algunos espíritus tienen una afinidad natural por los elementos de aire, otros por los elementos de fuego, y cuando descienden a la tierra, se envuelven ya sea en los elementos de aire o en los elementos de fuego, según su naturaleza.”
Estas afirmaciones, que fácilmente pueden ser suplementadas con muchas más semejantes, son de la mayor importancia cuando la cuestión es de manifestaciones espirituales, porque se convierte en un asunto de grave consecuencia por qué tipo de mónadas estamos rodeados.
Pero, antes de hablar de la atmósfera de mónadas que nos rodea, debo definir las auras o emanaciones que proceden de todos los objetos en la naturaleza.
Así como un aroma aromático emana de una flor, así todos los demás cuerpos emiten ya sea colores o rayos de materia “imponderable.” El Cobre y el Arsénico envían auras de materia roja; el Plomo y el Azufre emiten una sustancia de color azul; el Oro, la Plata, el Antimonio, verde, etc. En resumen, la Ciencia enseña que toda materia es luminosa, es decir, brilla por su propia luz.
Los seres humanos, sean de mentalidad espiritual o no, también están rodeados por sus esferas. Todos sabemos esto. Todos hemos sentido estas influencias de esfera, y algunos de ustedes quizá las han visto. Se dice que las personas de un carácter elevado y espiritual tienen hermosas auras de blanco y azul, oro y verde, en varios tonos; mientras que las naturalezas bajas emiten principalmente emanaciones rojo oscuro, que en personas brutales y vulgares se oscurecen casi hasta negro.
El impulso o poder motor, la causa, si lo prefieres, de estas emanaciones es el alma del hombre, por supuesto. Según la condición del alma, estas emanaciones son más o menos poderosas, más o menos extensas, más o menos claras. ¿De qué está hecha esta materia? Es, por supuesto, física, aunque no puede ser medida ni pesada por ningún instrumento científico conocido en este día.
Estas emanaciones son rayos del alma y llegan a reflejarse sobre esos pequeños cuerpos MONÁDICOS ya descritos. No puedo probarte esto experimentalmente, pero puedo ver estos reflejos tan claramente como un experimento físico puede demostrarte la reflexión de la luz de los rayos del sol sobre una gota de lluvia.
Swedenborg afirmó haber olido la naturaleza interna de ciertos espíritus que encontró en el mundo espiritual, y haber determinado su valor moral por medio de estos rayos. En su obra “Heaven and Hell,” ha registrado varias de tales experiencias. Es un poder innato del alma el que le permite desprender estos rayos, y lo hace por necesidad, pues sin ir más allá de sí misma, para expresarse, el alma nunca se realizaría a sí misma.
Sin embargo, el alma también puede ser entrenada para emitir estos rayos o auras conscientemente.
Si creemos al famoso viajero y explorador nórdico de la tierra del Espíritu, ya referido, Em. Swedenborg, podemos aprender de su Arcana Celestia que “la cualidad particular de un espíritu se percibe inmediatamente a su entrada en la otra vida, por su esfera,” que “la esfera es la imagen del espíritu extendida más allá de él;” “en verdad, es la imagen de todo lo que hay en él.” La causa de las esferas alrededor de los espíritus, afirma el mismo autor, está en “la actividad de las cosas en la memoria interior,” en “el amor dominante.”
Swedenborg afirma además que “por la esfera que exhala del espíritu del hombre, incluso mientras vive en el cuerpo, toda acción, por secreta que sea, se vuelve manifiesta en clara luz,” y que los espíritus buenos o malos lo reconocen por su esfera; y que los espíritus buenos no pueden estar presentes con aquellos que están en amores mundanos y corporales, por muy piadosos que parezcan exteriormente, porque inmediatamente perciben su esfera de maldad como algo sucio; y, por otro lado, que los espíritus buenos se asocian fácilmente con aquellos rodeados de esferas puras y celestiales. Pero no es necesario recurrir a los videntes y a los espiritualmente iluminados, la mayoría de nosotros tiene algún conocimiento de estos hechos por la vida diaria. ¿Quién no ha percibido la esfera baja y sucia que rodea al sensual, o la atmósfera intolerable de un espíritu orgulloso y altivo, o no se ha sentido oprimido en los alrededores de un hombre o mujer melancólico y apasionado? En verdad, todos tenemos percepciones respecto a estas cosas; algunos más fuertes, otros menos desarrollados.
Es, como dije, la misma vida del alma difundirse por todos sus alrededores. Sin tal actividad no sería alma. Un alma inactiva, inerte, no tiene existencia.
Después, el alma, mientras así se actualiza, toma su material de las mónadas recién descritas, y las modela en tales formas y figuras como son requeridas para su propia vida y la influencia que se esfuerza en ejercer. El Alma tiene el poder de moldearlas y darles forma en cualquier condición posible. (Más sobre esto más adelante.) Esta facultad es su poder de crear imágenes o el poder formador de la forma del alma.
Para comprender este poder creador de imágenes, recordemos primero que es un axioma en toda filosofía mística y espiritual que el grado espiritual en el hombre (Atman) contiene, en su unidad con el Alma Universal, los patrones de todas las cosas y que estos se reflejan a través del alma (Buddhi y Manas).
Siendo esto así, el alma (Buddhi y Manas), para comprender el principio de la creación, solo tiene que descender a su propia profundidad, el espíritu (Atman), allí para encontrarlo reflejado. Habiendo encontrado y realizado la idea de creación, el alma puede tomar material del mundo etéreo, llamado por los Orientales Akasa, y de él construir cualquier forma — imagen, la llamo — que desee.
A menos que el alma dé tal forma y figura a las ideas y la vida que habitan en su propia profundidad interior, estas permanecerán no creadas y el alma sin educar al no aprobar sus oportunidades.
Esto es lo que llamo el poder creador de imágenes del alma. De él depende toda la Kardialogía o la ciencia del corazón, y toda la Racionalidad. De él depende nuestra adquisición de poderes psíquicos.
No es solo una tendencia innata y natural del alma (Manas) ir más allá de su cuerpo para encontrar material con el cual vestir la vida que quiere expresar. El alma (Manas) puede y debe ser entrenada para hacer esto CONSCIENTEMENTE.
Puedes ver fácilmente que este poder poseído conscientemente dará a su poseedor el poder de trabajar magia.
Y esto me conduce directamente al tema del uso de aromas, olores, etc., con los cuales crear una atmósfera adecuada alrededor de nosotros; una atmósfera congenial a la naturaleza de los espíritus.
Todos ustedes recuerdan la espléndida escena en el Zanoni de Bulwer donde Glyndon se encuentra con el Morador del Umbral. En esa escena se describe todo el misterio de los vapores aromáticos, su efecto sobre la mente humana y la asistencia que ofrecen a las manifestaciones espirituales.
En resumen, es de la mayor importancia que produzcamos el ambiente correcto mediante el tipo correcto de emanaciones o auras, y atmósferas: “¡Así como damos, así recibiremos!”
Requeriría un volumen relatar la historia religiosa, política, económica y galante de los olores y perfumes. Mencionaré solo unos pocos ejemplos.
Desde la más alta antigüedad encontramos que los sacerdotes han empleado sustancias odoríferas. Los adoradores de la luz, los Zoroastrianos, ponían perfumes cinco veces al día sobre la llama sagrada que simbolizaba luz y vida. Los Griegos fueron muy profusos en el uso de ambrosía y creían que los dioses siempre aparecían en nubes fragantes. Todos ustedes conocen la importancia del humo y los perfumes en los rituales usados en los Misterios y alrededor del trípode sagrado sobre el cual descansaban las profetisas en Delfos. Los Romanos llevaron casi demasiado lejos el uso de incienso y sustancias oloríferas. De los pueblos clásicos fue tomado el hábito por la Iglesia Cristiana. Hubo incluso un tiempo en que la Iglesia Romana poseía grandes propiedades en Oriente, dedicadas exclusivamente al cultivo de bálsamos y esencias que se usaban en los ritos de adoración.
Pero no fue solo en las prácticas religiosas que estos delicados medios fueron utilizados para facilitar el descenso de seres espirituales. A lo largo de todo Oriente, incluso hasta este día, se emplean en la vida privada para el mismo propósito; no por mero lujo, como algunas personas quieren hacernos creer. Era muy apropiado, en verdad, que los Griegos quemaran sustancias aromáticas durante sus banquetes, y ¿quién puede estimar la influencia calmante sobre los Romanos salvajes y belicosos de su hermosa costumbre de perfumar sus baños, sus habitaciones para dormir y camas, y sus bebidas? No es en absoluto probable que los Romanos hayan sido ignorantes del alto significado espiritual de estas prácticas. ¿Por qué si no deberían ungir antes de la batalla las águilas romanas con los perfumes más ricos, si no pensaban que era agradable al dios de la guerra y sus seguidores, si no esperaban así preparar una atmósfera adecuada para su descenso?
Paso por alto el uso moderno de estas cosas. Entre los muchos abusos con los que estamos familiarizados, el fuerte instinto humano se afirma en todas partes. Esperamos, por ejemplo, que la Juventud y la Belleza estén rodeadas por una esfera, de dulce olor y elevadora; y nuestros instintos son correctos en esto, porque hay un cercano paralelo entre la pureza y los olores aromáticos.
Es una verdad bien comprendida que el Espíritu no actúa inmediatamente sobre la Materia. Siempre hay un medio entre ellos. Parece racional que así sea. El Espíritu y la Materia, siendo los dos polos de una misma sustancia, necesitan el intermedio como punto de conjunción e intercambio de energía.
Aplicando esta ley general a los detalles que tenemos delante, parece lo más natural concluir que los Elementales son los medios mediante los cuales todos nuestros esfuerzos espirituales se ejercen sobre la Naturaleza, y que nada puede hacerse sin su intervención.
Pero también surge la pregunta: ¿cómo hacemos que los Elementales realicen este trabajo para nosotros? ¿Por qué medios los influenciamos?
La Ciencia Oculta enseña que “los puros de corazón”, aquellos que, habiendo recorrido “el Sendero”, han llegado a la “libertad”, pueden, por un mero esfuerzo mental o extendiendo la mano, “hacer estas cosas.”
En vista de esta enseñanza, expondré algunos hechos relativos al poder de la Mente y de la Mano.
(1) La Palabra hablada consiste en el pensamiento o idea que queremos transmitir a la persona a quien se le habla, y (2) este pensamiento revestido en una forma, una especie de recipiente, por medio del cual enviamos el pensamiento volando a través del espacio. Estos dos elementos son los factores principales de la Palabra.
Miremos ahora un poco más de cerca cada uno de estos dos factores.
Cuando un animal en angustia llama a otro, nosotros, los seres humanos, entendemos que arroja su deseo o vida animal a los sonidos que proceden de su garganta, y el otro animal responde instintivamente, decimos correctamente, pues no pensamos que los animales razonen sobre lo que hacen.
Este tipo de “lenguaje,” si puede llamarse así, no es muy diferente del lenguaje de la humanidad en general. Todo lenguaje tal como es usado en la vida diaria ordinaria es apenas un poco más elevado en carácter, pero no diferente en grado.
El lenguaje — la Palabra — es hablado cuando una Idea o Vida Espiritual es comunicada. En el sentido verdadero, solo hablamos o pronunciamos la Palabra cuando lo Más Alto encuentra un canal hacia el mundo actual mediante nuestros órganos vocales.
¡Esa es la Palabra! Ahora, sobre su Forma. ¿De dónde proviene su material? Porque la forma es algo sustancial. No basta con que un arquitecto tenga el diseño de un edificio en su mente, necesita material real con el cual erigir la casa si ha de realizarse en el lado actual de la existencia. Tan ciertamente como él procura piedras y madera, etc., también nosotros necesitamos sustancias materiales con las cuales construir nuestros edificios mentales. ¿De qué mundo extraemos estas sustancias? ¡De las moléculas astrales o etéreas! ¡De las Mónadas!
Por una armonía preestablecida, las mónadas adecuadas se aglomeran alrededor de la idea celestial que procede a revelarse sobre nuestra lengua cuando pronunciamos la Palabra. Así el pensamiento obtiene su Forma.
Hasta ahora he hablado del pensamiento o idea descendiendo para expresarse sobre nuestra lengua, siendo nosotros las meras herramientas de la idea. Y tal es casi siempre el caso. No originamos ni el pensamiento ni su forma. El Pensamiento o el Espíritu habla a través de nosotros como agentes pasivos. Sin embargo, todos sabemos cómo nos jactamos de nuestros oráculos, de nuestros profetas y nuestros videntes, incluso porque actúan como agentes pasivos.
Pero hay un lenguaje aún más alto. Es posible para el hombre originar pensamiento y controlar la forma de tal pensamiento. Los adeptos conocen este secreto y han llegado a ese poder al ir más allá de las leyes “ordinarias” de la vida. No son meros canales para el flujo y reflujo del pensamiento; originan y controlan el pensamiento.
La primera ley del Cielo es el orden. Así como conocemos algunas de las leyes según las cuales formulamos el habla de una manera lógica, así también esa otra esfera exterior (o interior, si se quiere), que está llena de los gérmenes de la vida, tiene sus leyes. Por lo tanto, los adeptos, también, siguen ciertas reglas o leyes, cuando quieren originar o controlar el pensamiento y su forma. Vulgarmente, las leyes o métodos son llamados conjuros o encantamientos.
Antes de que podamos trabajar conscientemente con conjuros o controlar espíritus y sus energías, debemos llegar al estado del adepto, donde él está más allá de las leyes que gobiernan, por así decirlo, la superficie de las cosas. Pero no podemos llegar allí por ninguna carretera principal ni por atajos. Debemos recorrer el camino de la abnegación y el de la ilusión.
Así como es posible entrar en el santuario de un templo por pura fuerza bruta, así es posible entrar en posesión de fórmulas y conjuros que obran maravillas, aunque no seamos ni puros de mente ni fuertes de corazón.
¿Serían útiles para nosotros las fórmulas y los conjuros bajo tales condiciones? ¡Pueden! ¡Pueden no serlo! ¡También pueden obrar nuestra destrucción! Se nos ha enseñado que son más peligrosos para nosotros que una espada desnuda en manos de un niño. El niño puede accidentalmente hacer algún trabajo útil con su instrumento afilado, pero también puede destruirse a sí mismo.
De esto deberíamos aprender que el verdadero camino a seguir con respecto a la ejecución de maravillas por medio de Elementales o Espíritus Elementarios es primero alcanzar el estado de un adepto: aprender a controlar la vida y el pensamiento.
Si por casualidad llegáramos a entrar en posesión de conjuros o encantamientos sin conocer el uso adecuado de ellos — ¡mejor no usarlos!
Pero ¿cómo alcanzamos ese estado recién descrito?
No puedo definir el camino ni enseñar a nadie cómo hacerlo, pero pienso que el camino debe ser muy parecido al recorrido por el Señor Buddha y ahora seguido por “los Adeptos”.
Pero, como no es nuestro deber inmediato prepararnos para la realización de milagros, hemos sido advertidos de abstenernos de tales vanas búsquedas.
Mucho mejor es para nosotros seguir las direcciones dadas para la vida moral:
“Esfuérzate por acercarte tanto como puedas a la sabiduría y la bondad en esta vida. No te preocupes por los dioses. No te perturbes con curiosidades o deseos sobre cualquier existencia futura. Busca únicamente el fruto del noble camino del auto-cultivo y del auto-control.” Estas son palabras de las Escrituras Budistas.
No es solamente por la mente que podemos controlar a los Elementales y los espíritus Elementarios. La mano forma un elemento de lo más importante entre las herramientas usadas en la ciencia oculta.
No definiré la ciencia de la quiromancia, sino que describiré los puntos magnéticos de los dedos.
¿Has prestado algún pensamiento y atención a la mano? Generalmente consideramos la cabeza de un hombre y formamos nuestra estimación sobre él según el tamaño de su cerebro. Pero descuidamos la mano. Y, sin embargo, la mano es un factor tan importante en la ejecución de actos espirituales como lo es el cerebro.
La mano es el órgano ejecutivo de las acciones dinámico-misteriosas del Espíritu del hombre. A través de la mano tienen lugar sus operaciones psíquico-somáticas, a través de ella fluye toda su energía espiritual-psíquica, cuando, por ejemplo, se coloca sobre el enfermo.
Puede entenderse con bastante facilidad que la actividad espiritual del espíritu del hombre se ultimatiza en actos, y que casi todos ellos son ejecutados por la mano, pero probablemente es poco conocido que en la curación, por ejemplo, hay una base física peculiar en la mano, de la cual depende el poder curativo, a saber, los corpúsculos de Pacini.
Hace ya muchos años (fue en 1830 y 1840) que Pacini, un médico de Pistola, hizo su descubrimiento; pero con excepción de la literatura a la cual dio origen, y que es conocida sólo por unos pocos hombres eruditos y unos pocos bibliotecarios de grandes bibliotecas, poco o nada se sabe de su descubrimiento.
Pacini encontró en todos los nervios sensitivos de los dedos muchos pequeños corpúsculos elípticos, blanquecinos. Los comparó con los órganos eléctricos de la torpedina y los describió como magneto-motores animales, como órganos de magnetismo animal. Y así hicieron Henle y Kolliker, dos anatomistas alemanes, que han estudiado y descrito estos corpúsculos muy minuciosamente.
En el cuerpo humano se encuentran en gran número en conexión con los nervios de la mano, también en los del pie. ¿Por qué no deberían estar en los pies? Recordemos la estructura rítmica del cuerpo humano, particularmente los pies, y se vuelve claro por qué están allí; las danzas extáticas de los entusiastas y el no hundirse de los sonámbulos en el agua o su capacidad de usar las plantas de los pies como órganos de percepción y el antiguo arte de curar por las plantas de los pies — todos estos hechos explican el misterio.
Se encuentran escasamente en los nervios espinales, y en los plexos del simpático, pero nunca en los nervios de movimiento.
Son más numerosos en las pequeñas ramificaciones de nervios y generalmente situados paralelos a ellos, aunque a menudo en ángulo agudo. Son más o menos ovalados, a veces alargados y doblados. Son casi transparentes, con una línea blanquecina que atraviesa su eje. Los corpúsculos del sujeto humano miden desde una veinteava hasta una décima de pulgada de longitud.
Consisten en una serie de cápsulas membranosas, de treinta a sesenta o más en número, encerradas unas dentro de otras. Dentro de estas cápsulas hay una sola fibra nerviosa de tipo tubular, encerrada en el tallo, y avanzando a la cápsula central, la cual atraviesa de un extremo al otro. A veces las cápsulas están conectadas por bandas transversales.
A los anatomistas les interesan estos corpúsculos de Pacini debido al nuevo aspecto en el cual presentan las partes constituyentes del tubo nervioso, colocadas en el corazón de un sistema de cápsulas membranosas concéntricas con fluido intermedio, y despojadas de aquella capa que ellos (los anatomistas) consideran como un aislante y protector del eje central más potencial en el interior.
Este aparato — casi formado como una pila voltaica — es el instrumento para esa energía vital peculiar, conocida más o menos por todos los estudiantes como Magnetismo Animal.
Ya que el gato es algo famoso en toda brujería, permíteme afirmar que en el mesenterio del gato pueden verse en gran número a simple vista, como pequeños granos de forma ovalada un poco más pequeños que semillas de cáñamo. Unos pocos se han encontrado en el buey (el símbolo del oficio sacerdotal); pero faltan en todas las aves, anfibios y peces.
Aunque su descubrimiento fue disputado, desde entonces ha sido verificado y la teoría fuertemente apoyada. Estos órganos son los benéficos medios a través de los cuales opera el Espíritu.
Desde tiempo inmemorial la mano humana ha sido considerada como el punto vital de un poder mágico misterioso, pero no fue sino hasta el descubrimiento de Pacini que conocemos su asiento. Estos corpúsculos son su asiento. ¿Son quizás aglomeraciones de tales mónadas como he descrito y así los medios por los cuales los poderes espirituales más altos realizan su trabajo?
Encontramos a los Elementales bajo todas las formas de existencia, como meras fuerzas naturales, totalmente, para nuestras percepciones, desprovistas de cualquier vida autoconsciente; los encontramos también alcanzando una forma muy cercana a la humana. No hay razón válida alguna contra suponerlos como la materia de la cual formamos pensamientos, mucho menos contra considerarlos como los elementos vivificantes en los corpúsculos de Pacini.
Mantengamos la teoría de que no existe tal cosa como una fuerza muerta o inanimada en el universo. Cada átomo, siendo en sí mismo una forma de poder, está vivo con fuerza. Cada átomo en el espacio refleja el Yo Universal, que es:
El Alma de las Cosas.
Ahora llegaré al final de mi escrito con unas pocas palabras que contienen el propósito práctico de mi conferencia.
(1) Las mónadas, recién descritas, ya sea que reflejen las auras que nos rodean consciente o inconscientemente, ya sea que sean usadas como materia mental o que estén localizadas en los corpúsculos de Pacini de la mano, son medios físicos de intercambio entre los Elementarios y los adeptos.
¡Por qué no! Si los adeptos orientales y los médiums occidentales están en posesión del poder de atomizar “el cuerpo”, de hacerlo convertirse en lo más pequeño de lo más pequeño, de entrar en un diamante, por ejemplo; si tienen el poder de magnificar “el cuerpo” a cualquier dimensión; de cambiar la polaridad del cuerpo, de hacerlo convertirse en lo más ligero de lo más ligero, como en los bien conocidos fenómenos de levitación, ¿por qué no habrían de poder los Elementarios, existiendo, como lo hacen, bajo circunstancias mucho más favorables, entrar en la materia, entrar en átomos que “contienen un Sol” y allí, por el tiempo que sea, dirigir su principio vital y sus órbitas universales para los propósitos que ellos elijan, haciendo que sirva a la voluntad del adepto o mago, que busca ayuda o iluminación?
(2) ¡Yo sostengo que lo hacen! Y argumento a favor de la necesidad de producir tales entornos de auras de mónadas que faciliten y eleven el estándar de lo que comúnmente se llama “Mediumnidad”.
(3) Arguyo a favor del cultivo del poder de creación de imágenes del alma, para que podamos dirigir y utilizar conscientemente el intercambio con los Elementarios.
(4) Deseo que se difunda un conocimiento sobre los corpúsculos de Pacini, para que podamos poner nuestras manos sobre la humanidad y curar sus males.
Estoy personalmente convencido de que hay tanto “Luz como Vida” que encontrar en estas líneas de estudio y conducta.